“Yo maté a mi mujer, pero lo de la violación no fui yo”: cruda confesión de un femicida estrangulador

Como si eso pudiese mejorar en algo su situación procesal, el acusado enfrentó en Buenos Aires a los jueces María Cecilia Maiza, Marcelo Alvero y Javier Esteban de la Fuente y aclaró: “Yo maté a mi mujer, pero la violación… no fui yo”.

Para Parminder Basra, nacido en la India hace 38 años, la admisión de uno de los terribles delitos y la negación del otro parecía contener un insólito, absurdo, concepto de “honor”.

Cuando en noviembre de 2019 estranguló a su esposa, María Lorenza Salinas, de 33, e intentó quitarse la vida cortándose el cuello con una cuchilla, con sus tres pequeños hijos sentados en un futón del living, le dijo a la policía que lo había hecho porque había visto fotos de su pareja con otro hombre y suponía, entonces, que ella le era infiel.

Pero en el juicio, que comenzó hoy, rechazó enfáticamente la acusación que le hizo su cuñada, que una vez consumado el femicidio se animó a contar aquello que su hermana le pedía encarecidamente que callara: que aquel sujeto violento y golpeador la acosaba y la manoseaba cada vez que podía.

Los jueces del Tribunal Oral en lo Criminal y Correccional Nº24 y la fiscal Ana Helena Díaz Cano comenzaron hoy a reconstruir, en debate oral, el drama que tuvo su punto final con la consumación del crimen, el 13 de noviembre de 2019, pero que había comenzado mucho antes, en el departamento de la avenida Rivadavia 8889, en el barrio porteño de Vélez Sarsfield, donde la pareja, que se había casado diez años antes, vivía con sus tres hijos.

Según detalló el Ministerio Público en su portal de informaciones www.fiscales.gob.ar, Basra llegó al juicio acusado de “abuso sexual simple, amenazas coactivas reiteradas en dos ocasiones y homicidio agravado por el vínculo y por su comisión contra una mujer por parte de un hombre y mediando violencia de género”, tal la calificación hecha en el cierre de la instrucción de la causa por la fiscal Estela Andrades.

La confesión de Basra llevó al tribunal a decidir la incorporación por lectura de varios testimonios recogidos durante la instrucción, y escuchó hoy a la hermana de la víctima y al policía que acudió a atender la llamada al 911 que el propio femicida para dar aviso del femicidio que él mismo había consumado.

Ella, además de relatar la larga lista de episodios de violencia a los que Basra sometió a su hermana y las vejaciones que ella misma padeció a manos de su cuñado, recordó que fue quien tuvo que contarles a sus sobrinos que María estaba muerta. Contó que les dijo que su mamá “se había ido al cielo”, y que los nenes les contaron que la noche anterior sus padres estuvieron “jugando” hasta que él “le pintó la cara de azul” a ella. Esa fue la estremecedora decodificación que los chicos hicieron de la escena en la que su padre atacó a su madre, que se defendió como pudo hasta que él, con sus manos en el cuello, la asfixió de tal forma que los niños vieron como su rostro se ponía cianótico, el color de la muerte.

El policía, en tanto, recordó que lo que vio aquel día lo conmovió, al punto de ser uno de los casos más shockeantes que había presenciado: por el contexto, con el femicida con las llaves de la casa en una mano y en la otra, el cuchillo con el que había intentado, sin mucho esmero, cortarse el cuello, y con los nenes sentados uno junto al otro en el futón del living, como si esperaran el final de una escena que eran incapaces de comprender cabalmente.

Brutales semanas finales

La relación entre Basra y Salinas, signada por la violencia desde hacía mucho tiempo, había entrado en el terreno de la debacle final a mediados de 2019. El 26 de septiembre, convencido de que su mujer estaba con otro, le dijo que la iba a matar. Un día después, según consta en el auto de elevación a juicio detallado por fiscales.gob.ar, le dijo que iba a impulsar el trámite de divorcio y que ella ya no podría estar más en el dormitorio conyugal: iba a dormir sentada en una silla, le dijo. Ella intentó irse con los nenes, pero Parminder le cortó el paso: “Andate vos, pero a mis hijos no te los llevás, y si los venís a buscar te voy a matar”, le advirtió. El mayor de los niños lloraba desconsoladamente.

Ese mismo día, María Lorenza Salinas se presentó en la Oficina de Violencia Doméstica (OVD) de la Corte Suprema de Justicia de la Nación: contó todo, desde el final hacia atrás en el tiempo, hasta los primeros episodios de violencia doméstica. Con su denuncia, el 30 de septiembre de 2019, el Juzgado en lo Civil Nº30 decretó una perimetral. Basra no podría acercarse a menos de 200 metros del domicilio conyugal ni tomar contacto con la mujer.

Como tantos otros femicidas, a Basra el papel oficial con la declaración de la restricción de acercamiento no le importó en lo más mínimo. El 13 de noviembre a la noche, entró en el departamento de la avenida Rivadavia y Santiago de las Carreras. La discusión empezó en el living y, arrebatado, él la arrastró hasta el cuarto matrimonial. El hijo mayor le pidió por favor que no le pegara a su mamá, pero el ruego del nene no hizo mella en la decisión que Parminder ya había tomado: cerró la puerta y estranguló a María.

En algún momento después de eso, cuando los ruidos se acallaron, los niños abrieron la puerta y vieron la escalofriante escena, eso que les llevaría a decirle a su tía, más tarde, que los papás habían estado “jugando” y que él le había “pintado la cara de azul” a ella.

A las 11 del día siguiente, según consta en los registros, el propio Basra llamó al 911 y confesó el crimen.

El relato de la violencia

Basra admitió el femicidio, pero niega el otro cargo que pesa sobre él en el juicio que comenzó hoy: el abuso sexual simple. De eso dio cuenta la otra víctima, la hermana de María Lorenza. Relató que tenía indicios de que Parminder le pegaba a María desde antes de casarse; recordó que una vez, en 2008, le vio moretones en los brazos y ella le dijo que se había golpeado involuntariamente, aunque con el paso del tiempo le admitió que él la agredía si llegaba tarde a casa o hacía algo mal, y que esa violencia había comenzado casi desde el inicio de la relación de pareja, y fue in crescendo.

Pero la mujer dijo que su cuñado también la acosó a ella prácticamente desde que lo conoció. Le contaba a su hermana, que le pedía, quebrada en llanto, que no lo denunciara. En el juicio, según publicó fiscales.gob.ar, la testigo contó un episodio que la llevó a alejarse varios años: en una visita, cuando ella estaba embarazada, Basra le dijo “ese hijo tendría que ser mío”, y cuando lo increpó y amenazó con delatarlo, Parminder le advirtió: “Vos hacés la denuncia y yo lo mato a tu marido”.

También relató que cuando el tercer hijo de su hermana era un bebé, ella fue a cuidar a los niños al departamento de la avenida Rivadavia al 8800, y cuando estaba en la cocina él pasó por detrás y le tocó los pechos. Otra vez le dijo a su hermana, y una vez más, llorando, le pidió que no hiciera nada al respecto; le repetía que tenía terror de que les hiciera algo a sus hijos o a su madre.

Recién pudieron contar todo en septiembre de 2019, cuando María se animó a denunciar a Parminder. Lo que debió haber sido la puerta a la libertad se convirtió, en cambio, en el principio del trágico final.

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