Vacunación Ilegal Peronista: así era el traslado secreto, con ascensores reservados y la furia del gran amigo del Compañero Francisco de Roma que se hizo vacunar ilegalmente

Florencio Aldrey Iglesias debía vacunarse entre las 11 y las 12. Así le habían confirmado. Arriba de los 80 años, el empresario marplatense hacía tiempo que no salía de su hotel en el que se recluyó durante toda la pandemia y por el que, en la vieja normalidad, desfilaba buena parte del poder. Ni siquiera pudo viajar a Buenos Aires, a mediados del año pasado, para despedir a su mujer, que no pudo superar el COVID.

Según publica el periodista Federico Mayol en Clarín, Aldrey Iglesias -que el fin de semana se puso a disposición del ministro echado-, uno de los diez vacunados el jueves en el vacunatorio VIP del Ministerio de Salud tras un operativo revelado por Clarín y anticipado por Horacio Verbitsky, otro de los beneficiados, llegó por la entrada de la calle Lima. Y prefirió subir al segundo piso por escalera, para acotar el margen de contagio del ascensor. Convocado por el secretario privado de Ginés González García, de viaje por Entre Ríos, veinticuatro horas antes del fin de su carrera en la administración pública.

La entrada de Aldrey Iglesias, al igual que cuatro de sus familiares, un par de amigos del ministro, Verbitsky y los legisladores Eduardo Valdés y Jorge Taiana, fue mucho menos secreta que la de los cuatro especialistas y directivos del Hospital Posadas a los que convocaron para la aplicación de las diez dosis de la vacuna Sputnik V.

No sabían, según reconstruyó Clarín, a quiénes inocularían. Sí que su entrada al ministerio debía ser lo más secreta posible. “Ultra secreta”, confiaron. Viajaron desde el Posadas en una camioneta Toyota Hilux particular, y no en las que se suelen mover, identificadas por el hospital. Los esperaron en la cochera privada del ministro. Y subieron al segundo piso por el ascensor todavía reservado en esas horas para González García.

A los diez privilegiados a vacunarse los hicieron pasar, de a tandas, a una oficina. A la espera de pasar a otro salón, el vacunatorio VIP, para que les aplicaran la vacuna. Según precisaron, no se cruzaron entre ellos. Les entregaron la libreta con la constancia de la administración de la primera dosis, y les confirmaron la fecha para la segunda.

González García no era el único que decidía y disponía. Lisandro Bonelli, su sobrino a cargo de la unidad ministro y cofundador junto al saliente funcionario de la sociedad Carpor SA, también ejercía ese poder. Al igual que Marcelo Ariel Guille, director suplente de la mencionada sociedad, empleado por el ministerio, del riñón más íntimo. Trasciende además el nombre de Claudio D’Amico: apenas asumió, González García pidió su pase en comisión desde el PAMI a la secretaría de Equidad del ministerio.

No fue, según las fuentes consultadas, el primer y único operativo. Existía, agregan, un delivery de dosis que no respondía a ningún parámetro sanitario.

Cuando el jueves el periodista de Clarín recibió el primer llamado con información de la logística desplegada en Salud, por parte de una inestimable fuente que no le erró casi a ningún detalle, Verbitsky no figuraba aún entre los beneficiados. A partir de los chequeos, la Casa Rosada tomó conocimiento del informe que empezaba a encaminarse. Verbitsky decidió contarlo por radio, en la mañana del viernes. Ni el Presidente ni la cúpula de su gobierno se enfurecieron tanto con la sorpresiva confesión como el resto de los vacunados VIP.

Hasta ese momento, tanto Valdés como Taiana, que justificaron su trato preferencial por el viaje frustrado, todavía integraban la comitiva presidencial que partió por estas horas a México. A pesar de que la Casa Rosada ya contaba con buena parte de la información.

“Lo lamento por el Presidente”, les dijo Valdés iracundo y frustrado a sus íntimos, según contaron en su entorno, una vez que Fernández decidiera bajarlo del avión.

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Eduardo Valdés, luz de los ojos de Alberto, con su amigo el camarada Papa Francisco.

En corrillos privilegiados del oficialismo se habla en paralelo de operativos similares en otros ámbitos. No solo en Salud. De la participación del Hospital Posadas. Y de supuestos beneficios para familiares del gabinete.

Hay funcionarios de primera línea, algunos incluso con mayores chances de que el coronavirus les propine un malestar mucho más complejo que una simple gripe, rabiosos porque aún no los invitaron a vacunarse. Los privilegios, trasciende, no se otorgaban solo con la bendición de González García y sus colaboradores de Salud.

 

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