Sergio Berni, furioso con Máximo Kirchner: “¿Quién carajo te pensás que sos?, pendejo…, sos un pelotudo”

Este domingo, en Clarín, el periodista Nicolás Wiñazki cuenta la fuerte pelea entre el ministro de Seguridad bonaerense, Sergio Berni, y el jefe de la Cámpora, Máximo Kirchner. Una ruptura irreversible:

Lo vio. Aceleró. Se le tiró encima. “¡Acá estás pendejo! ¿Vos te das cuenta cómo nos vas a joder en la elección? Sos un pelotudo, Máximo. ¿Quién carajo te creés que sos? ¡Vos y tus pibes de La Cámpora! No son dueños del peronismo. Nos hicieron bajar las listas que armamos para competirles en las PASO. Son unos cagones. ¡No entienden una mierda!”.

Sergio Berni enfrentó a Máximo Kirchner como nadie lo hizo hasta ahora en la coalición de Gobierno. La pelea, cara a cara, pero cara a cara pegadas y rojas de rabia, ocurrió el domingo 12 de septiembre, el día de las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO). Fue en un rincón del búnker K que se había montado en La Plata para esperar los resultados finales de los comicios.

Cuando Berni y Kirchner discutieron los jefes del oficialismo aún creían que su lista sacaría más votos que todos los sufragios sumados de los precandidatos de la oposición de “Juntos”. Fue al revés.

Berni se enfrentó al antes “intocable” jefe de los diputados K para descargarse porque la agrupación La Cámpora había forzado a que todas las listas del Frente de Todos que se presentaron para competir en internas en diferentes distritos no podrían competir, salvo casos muy puntuales. Prevaleció el privilegio de las postulaciones de “camporistas” por sobre otros dirigentes territoriales. Entre ellos, Berni, que había armado su propia lista de precandidatos, con él primero para pelear por un lugar de diputado provincial, entre muchos otros militantes del peronismo de la segunda sección electoral, con referentes de ciudades como Zárate, San Antonio de Areco, Exaltación de la Cruz, San Pedro.

La pelea entre Berni y Máximo se mantuvo en cierto secreto en el Frente de Todos. La reveló el periodista Carlos Pagni en La Nación. Berni admitió después que la disputa verbal había ocurrido, y que había sido “muy fuerte”. Máximo calló.

El ministro de Seguridad dejó trascender que pasados los comicios generales del 14 de noviembre dejará el espacio en el que militó durante treinta y tres años. El kirchnerismo. “Ese movimiento del que soy leal ya no existe más. La Cámpora no nos representa y ése es el único proyecto de poder que se está privilegiando”, analizaría, según pudo reconstruir este diario en base a fuentes que juran frecuentarlo al aun todavía funcionario.

Berni no aceptó hablar con Clarín.

La pelea con Kirchner duró poco más de un minuto. Casi no tuvo testigos. Si Berni finalmente deja el “kirchnerismo” se concretará una baja de fuerte simbolismo para los Kirchner. Desde hace más de tres décadas siempre militó de modo leal a la jefatura de un K. Pero Máximo parece ser su límite. La pelea con él fue un ida y vuelta de insultos y gritos iracundos.

Esta es la anatomía de ese instante, según fuentes seguras que la escucharon de boca de alguno de los dos protagonistas.

Berni insistió en insultarlo y rebajar su supuesto poderío y experiencia ni bien se le acercó tan cerca al jefe de La Cámpora como en los tiempos en los que no existía el DISPO.

-¿Quién carajo te entiende, Máximo? Vos y tus pibes nos forrean como si nosotros no tuviéramos militancia, Mido mejor que cualquiera de ustedes, cagón. Y nos pasan por arriba y quieren manejar todo sin escuchar a los que sabemos.

Máximo ya no es aquel nene tímido de Santa Cruz que pululaba alrededor de las reuniones políticas entre su papá Néstor y Berni.

Tiene 41 años. Y usó su influencia para efectivamente bajar cualquier lista que quisiera enfrentar en internas a La Cámpora. La argumentación oficial es que el Frente de Todos no iría a las PASO en distritos donde los intendentes son referentes de la coalición de gobierno. No fue una regla en toda la Provincia de Buenos Aires.

Sorprendido, humillado y ofendido, el primogénito K, con genes iracundos como los de su padre, le respondió los gritos de Berni pero como pudo.

Un jefe nunca debe quedar debilitado ante un supuesto subordinado.

– ¡Qué te pasa, Sergio! ¡Qué venís a criticar ahora! Si tenés algo para decirme, decímelo. No me vengas a apretar acá. ¡Vos a mi no me vas a apretar! No me vengas con caprichitos, macho. Además, estamos ganando la elección.

Aquella última frase, un error del oficialismo a esa hora del domingo, en La Plata, tuvo una respuesta de Berni escuchada por otros dirigentes: ¿Ganando? Así nos va a ir.

Sergio Berni tiene manos grandes. Cuello ancho. Hace abdominales todos los días. Se levanta antes del alba. Es cinturón negro de karate. Experto en tiro. Médico. Abogado. Coronel (Re) del Ejército. Lo apodan “El Loco”. ¿Se deja ganar la mente por la ira haciendo honor a su apodo? ¿O es una pose que le da beneficios y genera cierto temor entre quienes lo escucharon gritar enojos o alguna orden? Enigma.

Más allá de la anécdota, sintomática en una coalición oficialista del peronismo que frente a una primera derrota electoral parece sufrir las divisiones internas que ante el éxito parecían no existir, lo cierto es que Berni se ganó la inquina de Máximo. Y antes de que discutiera con él ya lo había hecho con su mamá, la vice Cristina Fernández. En otros términos, en otros ámbitos, con otras voces.

Berni fue el dirigente K que más laceró la figura del presidente Alberto Fernández durante los dos años de su mandato.

Criticó con dureza a la ex ministro de Seguridad de la Nación, la ahora renunciada Sabina Frederic, y también se le animó al Jefe de Estado.

Fernández (Alberto) intentó varias veces que el gobernador bonaerense, Axel Kicillof, lo lleve a una renuncia. Pero no pudo.

El enojo de Berni con La Cámpora es ahora un hecho, y repite un patrón que les ocurre a varios intendentes del peronismo bonaerense, pero que aun no hablaron ni en público ni se le animaron al jefe del bloque K como sí lo enfrentó “EL Loco”.

Berni aceptó las precandidaturas acordadas entre su jefa Cristina Fernández y Alberto Fernández.

Aunque él era uno de los dirigentes que mejor medía en las encuestas.

El Jefe de Estado jamás lo hubiese aceptado como precandidato propio.

“Es un energúmeno”, solía destratarlo el Presidente cada vez que el ministro bonaerense lo criticaba en público.

Berni se escudaba en un argumento: “¿Miento cuando critico a Alberto? ¿O diga la verdad que nadie se anima a contarle?”.

Pasados los meses de gestión, Berni también se ganó la tirria de varios jefes comunales del PJ bonaerense por su estilo de mando: intentó que los intendentes no tuvieran el control de las policías locales, por ejemplo, para así centralizar toda la acción de la Bonarense bajo su mando.

Entre los intendentes que más lo resistieron, y lo resisten, se encuentran el de La Matanza, Fernando Espinoza; y el de Lomas de Zamora, Martin Insaurralde, quien ahora es paradójicamente el jefe de Gabinete de la gestión bonaerense.

Berni insiste que no quiere dejar su puesto, que no le teme a la problemática de la inseguridad, pero tampoco podría tener retorno su bronca contra Máximo y La Cámpora por haber evitado PASO en municipios o secciones electorales donde podrían surgirles un competidor del mismo peronismo K.

Berni le planteó en su momento a la vice que para el Frente de Todos debía ir a las elecciones con un esquema de gran interna que representase a cada jefe de la coalición de gobierno. El análisis que contó varias veces ante diversos testigos era éste: “La interna nuestra debe ser entre un candidato que ponga Cristina, por ejemplo, Wado de Pedro, de La Cámpora; otro que sea elegido por Kicillof, como yo; otro por el Presidente; y el cuarto competidor debería haber sido de Sergio Massa: yo creo que nadie mejor que Malena Galmarini (titular de AySA y pareja de Massa)…”.

No pasó. Los precandidatos fueron otros y Berni aceptó relegar su probable postulación, sobre todo porque el Presidente no puede verlo ni en televisión.

Aunque uno de los mejores amigos de Fernández, el diputado Eduardo Valdés, dijo ayer en una entrevista con Jorge Fontevecchia, de Perfil, que tal vez con Berni como precandidato del Frente de Todos la elección hubiera sido mejor que con Tolosa Paz.

Otra intriga recorre esta interna feroz entre el ministro de Seguridad y los Kirchner.

La versión indica que, conociendo al personaje, y sabiendo que La Cámpora bajaría la lista de Berni en la segunda sección electoral para que vaya solo a la elección la militante de esa agrupación, Fernanda Díaz, la vice habría intentado “contener” a “El Loco” confirmando que en el tercer lugar de la lista de precandidatos a diputados nacionales de Buenos Aires del FdT iría la pareja del aun ministro de Seguridad bonaerense, Agustina Propato.

Alberto Fernández entendió esa propuesta de su vice como una provocación en su contra y logró “bajarla” al quinto lugar en la lista.

Pero Propato es Propato. Y Berni es Berni.

No podría asegurarse que la vice Fernández haya especulado con el lazo de amor y convivencia que une a ambos como una jugada para minimizar “daños colaterales”. Podría describirse entonces a ese pragmatismo K como una operación impulsada por un “machirulo”, por usar una palabra del vocabulario de Fernández para identificar al machismo.

Propato es legisladora provincial hace años.

La pelea entre Berni y los Kirchner pareciera no tener retorno.

En el medio quedó el gobernador Kicillof, quien se recupera de la humillación a la que lo que llevó la vice cuando le ordenó que cambiara su Gabinete e incorporara a intendentes bonaerenses.

Ayer, tanto Máximo como Cristina lideraron actos rodeados de la juventud K. Mensajes internos.

Máximo, que aspira a llegar a gobernador de Buenos Aires, aun no respondió a los trascendidos atribuidos a Berni, ni dijo nada de la pelea que podría terminar con uno de sus leales históricos fuera del peronismo K.

Berni tal vez pueda perder la cabeza si se la gana la ira repentina. A pesar de que se entrenó en el control del cuerpo que se enseña en el Karate, el arte marcial del Japón.

Lo que nunca se le va de control es su lengua.

Sabe pegar con los puños.

Y con las palabras.

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