Revelaron intimidades de Ricardo Fort: qué comía y en qué gastaba la plata

Egocéntrico, sensible, demasiado intenso y generoso. Esos cuatro calificativos, en ese orden o en cualquier otro, bien podrían describir a quien fuera uno de los mediáticos más recordados de la farándula argentina: Ricardo Fort (1968-2013).

A casi ocho años de su muerte, y en medio de muchísimas especulaciones por la docuserie que sus hijos, Martita y Felipe (17), están realizando sobre su vida, cuatro personas que conformaron su círculo íntimo en distintas etapas contaronquién era la persona detrás del personaje.

Es que el mítico Ricardo, Ricky para sus seres queridos y el heredero más polémico de la familia Fort para el resto, en solo cuatro años de carrera se convirtió en una de las personalidades más famosas de la televisión local.

Y aunque su partida ya duplicó esa cifra de años, su recuerdo sigue latente y su nombre continúa siendo tendencia en las redes. De hecho, hace pocos días, sus hijos reactivaron su cuenta de Twitter para homenajearlo.

¿Pero quién era en realidad El Comandante, tal como lo bautizaron sus fans en Internet? Aquí un repaso desde su juventud, cuando era solo el hijo de un magnate del mundo de las golosinas, al día en que debutó en ShowMatch, allá por 2009, y su último viaje a Miami semanas antes de su fallecimiento.

Cómo vivía el multimillonario más excéntrico que tuvo la Argentina, qué comía, cuánto entrenaba, quiénes eran sus personas de confianza y cuáles eran sus mayores anhelos, son algunas de las preguntas que su abogado César Carozza, su mejor amiga Marcela Villagra, la ex vedette Sandra Villarruel, y su ex novio Guido Süller respondieron.

“La primera vez que lo vi fue en 1988, en un boliche icónico que se llamaba Bunker. Tenía una energía única. Era un combo: su personalidad, sus looks, y su actitud. Quería demostrar que era importante y llamar la atención”, recuerda Guido, quien fuera su pareja entre sus 19 y 21 años.

Y agrega: “Impostaba su voz y la practicaba frente al espejo. Era un gran homofóbico por tener un padre que no aceptaba su sexualidad y hasta ensayaba poses masculinas… En una época en donde ser homosexual era un delito él hacía una doble vida. Frente a los hermanos y el padre fingía”.

“No fue comprendido y tuvo que ocultar su sexualidad. No llegó a sentir el amor que se necesita una persona para ser amorosamente fuerte y eso hizo que después lo comprara con dinero…”, opina -en la misma línea que Süller- Sandra Villarruel, ex compañera de trabajo y amiga de Ricardo durante sus últimos años de vida.

Entre otras anécdotas, Marcela Villagra recuerda una que define esa faceta de Ricardo a la perfección. Ella lo conoció en un gimnasio de Belgrano mucho antes de que él irrumpiera en los medios y su vínculo comenzó a partir de un particular ofrecimiento.

“Él entrenaba con un profe que era amigo mío y quería pagarme para que yo le hablara mientras él hacía su rutina. Eso era bien Ricardo”, rememora con nostalgia su amiga y confidente, quien ante los medios fue presentada como su personal trainer, aunque jamás lo fue.

Y agrega: “La gente hablaba de él como ’el hijo del dueño de Felfort’ y siempre llamaba la atención. Era hermoso, imposible que pasara desapercibido. Además le gustaba hacerse ver y tenía comportamientos que salían de la media”.

Junto a Marcela, Ricardo vivió toda la etapa previa a su explosión mediática. “Fue antes de la muerte de su padre. Entonces era un chico con dinero pero hacía una vida mucho más normal…”, asegura la mujer de Tito Speranza, quien luego se convertiría en uno de los guardaespaldas del fallecido mediático.

Todos coinciden en algo: el desenfreno de Ricardo comenzó tras la muerte de su papá, en 2007. Por entonces, él ya se había convertido en padre, gracias a una subrogación de vientre que llevó adelante en Estados Unidos; pero le quedaba otro sueño por cumplir: ser famoso. Ahí es cuando empezaron los primeros realities grabados en Miami.

“Hacía prevalecer sus costumbres viajara con quien viajara. Llegábamos a Miami y lo que hacía era comer en los mismos restaurantes, ir a lavar los autos, y entrenar… No iba a lugares a opulentos, y a la noche le gustaba salir”, recuerda Villagra.

“Era muy rutinario en cuanto a la comida y cuando estábamos en Miami íbamos a comer siempre a los dos mismos lugares: uno era el Diner de Washington y Calle 11, y el otro era Nexxt, que estaba en la Lincoln Road”, coincide Carozza, su abogado.

Y agrega al respecto: “Tomaba mucho café y siempre pedía la misma comida y todos comíamos lo mismo: arroz, carne magra, pollo. Las alternativas eran esas”.

“Un día se le ocurrió comprar un Mercedes Benz y nos pasábamos cinco horas adentro de una concesionaria… yo le decía ’¿Por qué no vamos a la playa?’. Pero bueno, no le gustaba ir. Esa era otra característica. Decía que había ido mucho de chico, y ya no le llamaba la atención. Y si íbamos, era un ratito, porque prefería estar en la pileta de su casa, que no había arena…”, recuerda Marcela.

“Era así: se levantaba, desayunaba en su departamento y se iba a entrenar. Después volvía, se pegaba una ducha y se iba a almorzar… Siempre comíamos afuera y aunque no tomaba alcohol, fumaba mucho”, indica Sandra.

César cuenta que a su cliente, y también amigo, no le molestaban los flashes, la prensa ni que lo saludaran sus fans por la calle. “Nunca iba a correr a nadie. No era reacio con la gente y en Miami era sorprendentemente conocido. Siempre le pedían fotos”, aclara al respecto.

“Además, ha tenido muchísimos gestos de solidaridad que no mediatizaba… A un chico de Mar del Plata, víctima de una situación violenta por robo, le pagó un tratamiento, unas piernas ortopédicas… De esas actitudes tenía un montón”, confiesa emocionado.

Con sus videos desde Miami, que se subían a YouTube y cosechaban cientos de miles de reproducciones, Ricardo comenzó a adentrarse en los medios. Hasta que en 2009 salió al aire Reality Fort, que se veía en las medianoches de América. Pero sin lugar a dudas fue su desembarco en ShowMatch lo que marcó un antes y un después en su carrera.

“Fue cuando debutó como reemplazo de Miguel Ángel Cherutti en El musical de tus sueños (noviembre de 2009)”, precisa Carozza, quien lo acompañó esa noche al piso del programa.

“Encontró un lugar que le daba felicidad, el lugar que siempre soñó pero con una salud muy deteriorada y él lo tenía muy en claro porque sufría unos dolores de espalda tremendos… No había manera de pararlo. Se operaba y al día siguiente se iba a hacer una nota. Los médicos le decían que frenara pero era imposible”, explica Villagra.

“Luego de separarnos continuamos viéndonos porque la vida nos fue cruzando. Él viajaba mucho a Miami y yo volaba en Aerolíneas (era comisario de abordo)”, recuerda Süller.

-¿Entonces mantenían una relación de amigos?

-No, cuando él empezó a hacerse famoso me excluyó totalmente de su vida porque yo era su referente homosexual y no estaba en sus planes blanquearlo en absoluto.

-¿Eso te dolió?

-Sí, él me hizo muchas maldades para excluirme de los medios hasta que un día hablé con Luis Ventura y le mostré sus cartas de amor… Hasta llegué a hablar una vez con Ricardo y le dije: “No vas a poder tapar el sol con las manos. Hoy todo se sabe y la gente te va a querer mucho más si decís lo que sos”.

Marcela sostiene que el Ricardo de Estados Unidos no era el mismo que el de Argentina. “A la noche le gustaba salir mucho, íbamos a bailar y en Miami él era abiertamente gay. Recién fuimos a un boliche hetero (en Buenos Aires) cuando fuimos a Esperanto y él ya era famoso”, añade al respecto.

Violeta Lo Re, Virginia Gallardo, Claudia Ciardone, y Érika Mitdank fueron algunas de las famosas a las que Fort presentó ante las cámaras como sus novias y hoy se sabe que eran solo amigas. Hasta se dijo que les pagaba por su compañía. Pero ninguna lo confirmó, no por lo menos abiertamente.

“Él sufría una escoliosis (desviación lateral de la columna vertebral) muy pronunciada y eso le iba presionando los discos… encima entrenaba al extremo, porque todo lo hacía de ese modo, y porque quería conservar su cuerpo”, aclara Villagra.

En esa misma línea se expresa Carozza aunque difiere en un aspecto: “Los dolores físicos que él presentaba no tenían que ver con sus rutinas de entrenamiento ni tampoco fueron los causales de su muerte”.

Lo cierto es que durante sus últimos meses de vida, de acuerdo al relato de aquellos que estuvieron a su lado, Ricardo sufrió y mucho. Sin embargo, no estaba dispuesto a ceder ni un minuto de su fama ni de su trabajo para tratar de mejorar su salud.

“Le pedí por favor a un amigo que es director de un hospital que lo ayudara, me dijo que sí y el día en que él tenía el turno me dijo ’no voy a poder ir, tengo un programa de televisión, me debo a mi carrera así que no voy a ir’. Ante todo eran sus hijos y su carrera”, opina Villarruel, quien lo acompañó meses antes de su muerte en su último viaje a Miami.

“Cuando llegamos empezó un tratamiento y a medida que iban pasando los días se lo veía peor… Un día me mostró el dedo pulgar y me dijo ’Sandra, hasta acá me duele’. Yo estaba re preocupada, no sabía cómo ayudarlo. Y entre otras cosas él me decía que no quería superar los 45 años, que quería morir joven y no quería avejentarse…”, reveló la ex vedette.

“La última vez que lo vi ya estaba muy enfermo: usaba bastón, estaba muy flaco y tomaba morfina a cada rato… Le dije ‘no podés ir a 200 kilómetros por hora porque vas a terminar estrellándote…’. ‘No puedo frenar porque tengo mucho que hacer…’, me contestó. Ahora comprendo su velocidad, era porque le quedaba poco tiempo de vida y quería hacer lo máximo posible antes de partir. Yo sabía que no iba a vivir demasiado, pero nunca imaginé que iba a morir tan joven”, lamenta Guido.

Para entonces, el Comandante ya había dejado su herencia y todos los papeles referentes a la custodia de sus hijos en manos de su abogado.

“En mayo de 2013 recibí un mensaje suyo diciéndome ’César, estoy muy mal, me voy a morir y quiero que estés acá, sos mi persona de confianza, quiero que arreglemos las cosas que tengamos que arreglar’. Me llamó Marisa (la niñera de Martita y Felipe), fui y le armé la sucesión y la tutela de sus hijos”, revela Carozza.

Y detalla: “Le dejó la tutela a Gustavo (Martínez, su ex pareja y mejor amigo) y varias recomendaciones. En esa conversaciones que tuvimos y solo presenció Marisa me dijo ’cuidá a mis hijos, cuidá mis cosas’ y después vivió muchos meses más, pero él se sentía muy mal y decía que se iba a morir por los dolores físicos que sentía en su rodilla, y su espalda”.

“Ricardo era una persona realmente inolvidable, con una energía y una personalidad que jamás volví a encontrar en la vida… Yo me acerqué a él por su corazón porque cuando comenzamos a salir él no tenía un centavo. A tal punto que pagaba todo yo que trabajaba como modelo y profesor de matemáticas”, recuerda Guido con nostalgia.

“La última vez que hablamos fue cuando fui a ver Fortuna 2 (2011) y pasé por su camarín. Le dije que yo había sido una de las pocas personas que lo amó de verdad y desinteresadamente, que él tenía que valorar a las personas que nos habíamos acercado a él por su corazón y no por su billetera. Gustavo Martínez fue uno, yo fui otro. No hubo muchos”, asevera Guido.

Y añade: “Era un chico que quería ser inolvidable, que quería triunfar y carente de afecto. Le decían ’pobre niño rico’. Lo tengo en mi corazón, lo recuerdo, y cuando hablo de él no es para colgarme, es porque sé que a él le hubiese gustado…”.

“Yo sé que lo voy a volver a encontrar…”, expresa en el mismo tono Marcela, quien meses antes de su muerte logró despedirse de Ricardo. “Me vino a saludar al gimnasio, le dije que parara un poco, que se tomara un tiempo para curarse y le recordé una vez más que lo quería mucho. Me abrazó y me dijo que quería ayudarme a que tuviera un hijo… fue una charla muy emotiva y ahí quedó, porque al volver de Estados Unidos se internó y a los pocos días murió”, detalla.

“Lo tengo muy vivo. Le encantaba ser noticia, ser título, entonces pelearse con alguien conocido le daba cámara y él amaba eso. Era una excusa la pelea en realidad. Yo entendí ese juego y se lo seguí… Pero era una buena persona y su comportamiento no coincidía con el corazón que tenía pero eran sus formas”, suma Sandra.

“Por momentos se ponía como un niño… Por eso, su gente de confianza iba fluctuando… Tenía esa cosa del encuentro y el desencuentro constante con su entorno salvo con algunas personas que estuvieron a su lado en todo momento como Marisa y Gustavo”, resume Carozza.

Los hijos de Ricardo siguen viviendo en la casa de Belgrano que era de su padre. Él murió cuando ellos tenían 9 años. Sin embargo, ambos aseguran que atesoran varios recuerdos de sus días en familia, las excentricidades de Ricky y sus vacaciones en Miami, donde ellos siguen viajando con Gustavo, Marisa y sus tíos.

“La guita es para gastarla y con todos mis quilombos de salud esto es un aliciente para mis dolores. ¡Qué carajo!”, expresó Ricardo en octubre de 2013, poco antes de su muerte, al lado de una foto que compartió en sus redes con un costosísimo Chevrolet Corvette Stingray.

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