Reactivan causa de asesinato en Bariloche tras un “descuido” del imputado

Jonathan Lillo estuvo desde el primer momento bajo sospecha. Sin embargo, los investigadores no pudieron hace tres años hallar una prueba que lo vincule en forma directa con el homicidio de Matías Aguirre, que ocurrió la tarde del 6 de junio de 2015, a metros de un colegio secundario del barrio San Francisco III de Bariloche. Pero un mensaje recuperado del celular del sospechoso fue la llave que permitió reactivar la investigación.

“Maté a un gil y zafé”, escribió presuntamente Lillo el 14 de junio de 2015. Así lo consignó un informe de la peritación de un cruce de llamadas, que se hizo a partir del secuestro del teléfono del sospechoso. Ese informe se elaboró, según informaron fuentes judiciales, en la Oficina de Investigación de Telecomunicaciones (Oitel) del Poder Judicial de la provincia.

De acuerdo a las fuentes, Lillo envió supuestamente ese mensaje a una familiar directa, que le había preguntado por la presencia de policías en el domicilio del joven a mediados de junio de 2015.

El dato quedó reservado en otra causa donde Lillo estaba involucrado por otro hecho delictivo, pero este año el equipo de la unidad fiscal de delitos contra las personas, a cargo de la fiscal Betiana Cendón, revisó el expediente, recibió esa información y reactivó la causa.

La fiscalía recolectó testimonios, vinculó indicios y las sospechas volvieron a caer sobre Lillo, aunque se desconocía su paradero. Las fuentes recordaron que Lillo estuvo detenido horas después del homicidio de Aguirre. La novia de la víctima, que es la principal testigo, había señalado entonces al joven como el presunto autor del homicidio, en una fotografía del archivo policial.

Pero cuando se hizo la rueda de reconocimiento, la chica no identificó a Lillo, que recuperó la libertad, pero se le impusieron medidas cautelares como no ausentarse del domicilio sin autorización judicial. Además, el arma secuestrada en un allanamiento no funcionaba.

Pasaron tres años y casi tres meses y Lillo fue arrestado cuando intentaba cruzar hacia Chile por el paso internacional, que une las ciudades de Río Gallegos y Punta Arenas. Cuando hizo los trámites migratorios surgió que tenía un pedido de captura vigente de la justicia de Río Negro y quedó detenido.

Una comisión policial fue a buscarlo hasta la provincia de Santa Cruz y lo trajo de regreso a Bariloche. Arribó el 14 de septiembre pasado a esta ciudad y tres días después se hizo la audiencia de formulación de cargos, donde la fiscal acusó a Lillo como presunto autor del homicidio en ocasión de robo de Aguirre y solicitó que le imponga prisión preventiva por el riesgo procesal y de fuga.

El abogado defensor, Marcos Ciciarello, se opuso a la formulación de cargos y al pedido de prisión preventiva. Pero el juez de garantías Ricardo Calcagno admitió la imputación y le impuso un mes de prisión preventiva, que cumple en el penal 3 de Bariloche.

La acusación contra Lillo

El crimen sucedió, según la acusación de la fiscal, Betiana Cendón, alrededor de las 14.30 del 6 de junio de 2015 frente al CEM 138, ubicado en el barrio San Francisco III.
Cendón sostuvo que Lillo intentó robarle la Fiat Fiorino, que pert

enecía a Aguirre, que estaba estacionado a metros del colegio porque esperaba a su novia que estaba en un taller. Aguirre estaba sentado al volante, cuando apareció Lillo, que lo amenazó con un arma de fuego y le exigió que le entregara la camioneta. Se produjo un forcejeo porque la víctima se resistió y el sujeto disparó contra Lillo.

El proyectil hirió el pulmón izquierdo y la punta del corazón y provocó una hemorragia letal. La víctima intentó huir en la camioneta, pero a unos 50 metros murió a bordo del automotor.

El juez de garantías Ricardo Calcagno le otorgó 3 meses a la fiscal para hacer la investigación preparatoria. El Código Penal reprime el homicidio en ocasión de robo con una escala penal que va desde los 10 hasta los 25 años de prisión.

También podría gustarte