Pornovenganza contra una personal trainer: su ex viralizó un video íntimo

Gabriela Fernández (37) viene haciendo el esfuerzo de perdonarse, pero está furiosa con ella misma. No puede creer ni entender cómo aguantó tanta violencia física, psicológica y hasta económica. “Yo, justamente yo, que siempre fui una mina de armas tomar, fuerte, decidida. ¡Cómo puede ser, cómo!”, repite con enojo mientras muestra una foto enmarcada en la que se ve a esta personal trainer de 37 años, nacida en San Luis, luciendo orgullosa sus medallas luego de consagrarse campeona de fisicoculturismo y fitness de la Argentina en diciembre de 2019.

Aquel triunfo significaba, más allá del honor deportivo, la transformación de una mujer que durante tres años, entre 2015 y fines de 2018, vivió una pesadilla estando en pareja y conviviendo con un ex alumno suyo, Diego Olivieri (41). La profesora lo terminó abandonando porque ya no aguantaba más tanta humillación: “Gracias a Dios tuve la claridad, en medio de años de confusión, de escuchar a mis hijos, que me rogaban por irnos de esa casa”.

Cuatro meses después de aquella victoria física que le emparchaba el alma diezmada, Ulises, su hijo de nueve años, recibió en su Instagram un video de un anónimo con un mensaje lacónico: “Abrilo”. Asustado, sin clickear, el chico fue a avisarle a su mamá, que apenas vio el link ya se imaginó todo: “Yo venía recibiendo amenazas, advertencias de que divulgarían material íntimo, pero pensé que no lo iban a hacer”. Pluraliza Gabriela, ya que se refiere a su ex, Olivieri, y a su actual pareja, Tatiana Yacarini, “una mujer obsesionada conmigo, paranoica, que cree que yo seguía viéndome a escondidas con él”. A ambos los denunció hace ya un año por divulgación indebida de documentos íntimos y por facilitación de material pornográfico a menores.

El martes 14 de abril de 2020, los vecinos de la ciudad de San Luis dejaron de hablar por un rato sobre el coronavirus y la incipiente cuarentena, para “chusmear” sobre el video “de la chica esa, de físico imponente, que es mamá de dos criaturas, que vive por aquí cerca”, ?era el corrillo. El video íntimo que Gabriela -que aparece sola en la imagen- le había obsequiado a Olivieri a principios de 2018 repercutía en la conservadora sociedad puntana. “Yo estuve seis meses sin salir a la calle, sentía una vergüenza inmensa, porque San Luis es chiquito, se conocen todos y es un chusmerío. Y me sentía violada, porque yo siempre fui muy cuidadosa con mi cuerpo”.

Denunció a su ex por viralizar un video íntimo y seis meses después pudo  salir a la calle:

Toda la imagen granítica que Gabriela exhibía en esa pose de campeona nada tenía que ver con esta mujer que, apenas cuatro meses después, sucumbía. “A medida que pasaban los días, mi cuadro de salud empeoraba, ya que empecé a tener todo tipo de trastornos: ataques de pánico, ansiedad, bruxismo al punto de romperme dos dientes, se me caían mechones de pelo, que yo tenía hasta la cintura y me medicaron con pastillas para dormir y para estar de pie… Tenía que seguir siendo la madre de Ulises y Baltasar”.

Gabriela tiene dos hijos de padres diferentes con los que mantiene una relación armónica. “Eso ayudó para que mi ex suegra Carmen, una madre para mí, me diera un techo donde estar con mis hijos después de escapar de esa casa del terror. Yo viví tres años en su casa y fue la peor elección que hice en mi vida. El tipo (NdR: se refiere a Olivieri) salía todas las noches, andaba con todas las mujeres que se le ocurría y yo no le importaba nada. Cuando le preguntaba por qué se comportaba de esa manera, reaccionaba con violencia inusitada. Una vez me fracturó las dos muñecas, otra vez me pateó la panza, también me trompeó en la cara e intentó ahorcarme”.

El maltrato físico y psicológico sumado a un cóctel de amenazas “me paralizó, me anestesió, me quedé sin reacción por años. Yo me mudé a su casa con un hijo de 5 años y un bebé de 6 meses. Mucho no podía hacer y, de manera muy egoísta, privilegié tener un techo, pero era el techo del enemigo”. Muerde los labios y menea la cabeza Gabriela, desde su departamento alquilado en el centro de San Luis. “Pensar que era alumno mío, pero nunca me interesó como hombre, su perfil frívolo, egocéntrico y materialista generaban rechazo, pero construyó una estrategia para conquistarme cambiando radicalmente. Y caí en su trampa”.

Repite una y otra vez que lo peor que le pasó en la vida fue haber convivido con Oliveri, machaca Gabriela, que habla con Clarín mientras da vueltas por su living. “No puedo estar sentada, sin hacer nada, soy hiperquinética… Encima estoy sin trabajar porque por la pandemia cerraron los dos gimnasios en los que estaba, así que me estoy comiendo las paredes”, grafica esta mujer que deposita su (mucha) energía dando clases por Zoom y colaborando en la agrupación “Mujeres que ayudan mujeres”, donde se coloca “en un lugar de víctima útil, ya que a partir de mis vivencias puedo dar una mano”.

Enciende un sahumerio de palo santo y dibuja en el aire con la humareda… camina hacia un pequeño santuario con la Virgen María. “Soy muy devota y me apoyo mucho en ella, que nunca me abandonó”, desliza y se sienta al lado de una pequeña efigie de cerámica. “Ahora estoy rogando por mi sanación interna y por conseguir laburo, porque tengo dos hijos y un alquiler que sostener. Hoy me salvan los padres de mis hijos, la ayuda de mi madre y también de mi hermana… Sin ellos no sé qué sería de mí”, susurra mirando la foto en la que luce campeona. “Hoy mi físico decayó mucho, no soy esta mujer, estoy más normalita, menos marcada y con las piernas hinchadas”.

Gabriela lamenta profundamente el desasosiego por el que tuvieron que atravesar sus hijos, “que por suerte no presenciaron la mayoría de las agresiones que sufrí. Sólo una vez ese tipo empujó a Ulises, momento bisagra que significó que nos fuéramos de esa casa, lo cual para los chicos también fue una liberación, porque mientras vivíamos allí, el más grande (Ulises), especialmente, no hablaba, vivía contenido, atado… Hoy su personalidad es otra, por suerte, más acorde a la de un chico de su edad. Y el chiquito, Baltasar, hace poco me preguntó por qué yo lloraba todas las noches cuando vivíamos en esa casa. No supe qué responderle”.

Pero, ¿por qué Oliveri viralizó ese video, con qué objetivo? “No soportó que me fuera, que lo dejara y él en el último año de la relación, cuando nos peleábamos mal, me amenazaba y me extorsionaba que si lo abandonaba o me iba con otro hombre iba a difundir ese video que yo le había mandado hace tiempo y el guardaba en su teléfono como un tesoro… Tengo la convicción de que él pensó que yo no iba a aguantar y me mataría. Y te juro que lo pensé, te juro…”.

Gabriela sabe que Oliveri se metió con un tema -el físico y la imagen- capital para ella. “Él sabía lo cuidadosa que yo era con mi cuerpo y publicar ese video que yo le hice a él para estimularlo, era realmente humillante y fuera del contexto de la relación. Mi cabeza estaba a mil, estallaba, ¡hay que estar y ponerse en los zapatos de quien está desnuda y en postura sexual en un video que se multiplica por miles de ojos! Fue una traición de una persona miserable”.

En octubre de 2020, Gabriela volvió a codearse con la calle. No aguantó más el encierro tras 180 días de autoconfinamiento, pero además necesitaba trabajar y le llegó una propuesta ineludible de un gimnasio sólo para mujeres. “Era la excusa perfecta y para mi sorpresa me encontré con gente cariñosa, respetuosa, que lo sabía todo pero no hizo leña del árbol caído. Trabajar varios meses me hizo muy bien, recuperé mi autoestima, de a poco fui volviendo a mi eje, algo que valoro de mí en estos tiempos. Creo que estoy más centrada, con una energía distinta y con bienestar interior”.

Denunció a su ex por viralizar un video íntimo y seis meses después pudo  salir a la calle:

Hace algunas semanas, caminando por una calle céntrica de San Luis, vio venir a unos metros a Oliveri. “Él no me vio a mí, pero yo lo seguí con la mirada un buen rato, lo noté extraviado -había sufrido un ACV en noviembre de 2019- y bastante excedido de peso. Cuando lo tuve relativamente cerca, me crucé de vereda y ahí pensé en lo que siento yo por él. Y la verdad es que no lo odio, no le tengo rencor y te digo más, lo perdono, lo perdono más a él que a mí. Pensarás que estoy loca, pero creo que tiene que ver con un cambio mío muy grande, con una mejoría y eso me ayuda a estar mejor. Yo sentí odio y rencor y es un espanto, no se puede vivir así”.

Piensa mucho en sus hijos Gabriela, ya no quiere descuidarlos más, enfatiza. “Los desprotegí mucho y por suerte la vida me dio una oportunidad más. Hoy necesito estar bien de la cabeza y de adentro, ya no pienso con obsesión en lo estético, en lo muscular… ¿De qué sirvió verme en un espejo y sentirme increíble, estando muerta por dentro? Soy mucho más que un cuerpo, Ulises y Baltasar necesitan una mamá sana, no una mamá de póster, con minifaldas apretadas y escotes profundos”.

Gabriela sólo espera que la Justicia esté de su lado. “Yo quiero que me pidan disculpas públicamente. No quiero que vaya a la cárcel ni nada, sólo exijo un perdón y que el juez se digne a llamar a mi ex y a su pareja a indagatoria, porque como lo considera el fiscal que lleva la causa, hay pruebas contundentes que inculpan a mi ex”, señala la mujer puntana, que después de más de un año empezó “muy tímidamente una relación. Pero la cosa va súper despacio, porque yo quedé muy herida y me cuesta soltar, entregarme y confiar”.

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