Los barras “se matan” por ir al Mundial y ver a Messi: detalles de los crímenes y del recrudecimiento de la violencia

Peligro mundial, aunque las andanzas violentas de los barrabravas constituyen una marca registrada de estas tierras. No obstante, la inmediatez de la próxima Copa del Mundo profundiza las internas en las hinchadas locales en busca de su tajada, no sólo por un lugar en Qatar, sino por extender su influencia y su poder en ámbitos que trascienden “el tablón”, tejiendo así una red de impunidad que los convierte en intocables.

El registro de víctimas de violencia en los estadios argentinos y en sus inmediaciones, desarrollado por la organización Salvemos al Fútbol”, ascendió a 345 el último lunes, con el homicidio de Manuel Alejandro López.

Se trata del hincha de San Martín de Tucumán ejecutado de un balazo a la cabeza en un hecho vinculado a la interna de la barra brava, la cual cuenta con dos facciones: “La Banda del Camión” y “La Banda del Chicle”, que se disputan el liderazgo en una tribuna en la que reinaron durante décadas los hermanos Rubén y Ángel Ale.

Mejor conocidos como la “Chancha” y “El Mono”, los Ale comenzaron a construir su “reputación delictiva” en el Mercado de Abasto, que estaba a situado a pocos metros de la cancha del Santo.

Con el correr de los años y aprovechando que cada vez pisaban más fuerte en La Ciudadela, se sumergieron en negocios por demás non sanctos, como la usurpación de terrenos para su posterior venta, la extorsión, la comercialización de estupefacientes, y por si fuera poco, fueron acusados de encabezar una red de trata de personas.

Esta habría capturado a María De Los Ángeles Verón el 3 de abril de 2002, según denunció Susana Trimarco, mamá de la joven desaparecida desde entonces. La lucha de Trimarco por saber el paradero de su hija llegó a la vía judicial, cristalizándose en una causa por “asociación ilicita” y “lavado de activos” en la que los Ale fueron condenados a 10 años.

La tétrica historia de La Chancha y El Mono, hoy ambos bajo libertad condicional, es la mejor representación del poder y los beneficios que puede alcanzar un “hincha caracterizado”. En cuanto a responsabilidades y medidas para extirpar a quienes protagonizan incidentes dentro y fuera de un estadio, en 2007 se prohibió el ingreso del público visitante en los partidos de ascenso, y en 2013, en Primera División.

A partir de entonces, se tornaron más reiterados los enfrentamientos dentro de la misma tribuna, principalmente en los años de disputa de un Mundial. Sin embargo, uno de los últimos hechos más sangrientos fue planificado y llevado a cabo por barras de Leandro Alem, quienes, a pesar de la prohibición, arribaron al Estadio Municipal de Luján y efectuaron una sucesión de disparos contra los hinchas locales el pasado 10 de julio.

En consecuencia, perdió la vida Joaquín Coronel, de 18 años, y el clásico entre Luján y Alem se suspendió a los pocos minutos de su inicio. En tanto, los agresores regresaron a General Rodríguez sin acecho policial, e incluso se detuvieron en el trayecto para cambiar sus vestimentas y celebrar el ataque asesino.

Justamente, están prófugos quienes fueron sindicados como los autores materiales del crimen, los hermanos Mariano y Ariel González, hijos del presidente del club visitante, Juan Carlos González. Al respecto, Javier, papá de Joaquín, detalló que, a dos meses de perder a su hijo, en materia judicial ha chocado con “muchos obstáculos por el poder de esta gente, como modificar pruebas, recortando las imágenes de las cámaras donde se los podía identificar. Además, sólo hay dos testigos, con tanta gente que vio cómo mataron a mi hijo”.

El ser querido de la víctima vincula la impunidad de los acusados a que “son gente muy conocida en el ambiente de la noche, ya que muchos de ellos son propietarios de boliches y bares, y viven en countries”.

Bajo esa relevancia pública y económica que ostentan los criminales, continúan al ataque contra Coronel, puesto que destruyeron un monolito del joven en el cementerio local, un mes después de su muerte. Pero su padre enfatizó que “es una venganza, porque me estoy metiendo en un terreno que no debería meterme, pero no voy a parar hasta tener justicia. Le sacaron a la vida a mi nene, y no sé qué más quieren”.

Al mismo tiempo, Javier relacionó la emboscada con “un vuelto, por algo que todavía no termino de saber”. Ante semejantes antecedentes, ya no sólo violentos, sino aberrantes y aterradores, no se han puesto en marcha iniciativas o propuestas ni se aplicaron leyes que extingan a los barras.

En referencia a ello, Szlifman, de Salvemos al Fútbol, manifestó que “no hay soluciones mágicas de un día para el otro. El primer paso debe ser el cumplimiento de la ley, como asimismo contar con estadios con mayor infraestructura, fuerzas de seguridad con capacidades para espectáculos, y otorgarles mayor protagonismo a los hinchas comunes, que suelen fomentar prácticas violentas, pero para involucrarse y hacer valer sus derechos, con el fin de lograr que ir a la cancha sea una actividad placentera. Asimismo los jugadores y entrenadores deben asumir la responsabilidad de evitar ciertas actitudes violentas”.

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