Las gemelas de Pico Truncado: el final de una historia de amor, escándalo y muerte que conmocionó a un pueblo

La noticia estalló. Fue de la Patagonia al mundo: una joven iba a casarse con el acusado de haber asesinado a su hermana gemela. Ocurrió en Pico Truncado, localidad de Santa Cruz donde el petróleo brota sin parar desde el fondo de la tierra.

Después, los dos fueron escribiendo una increíble historia que tuvo su punto final hace unos meses, a más de una década de aquel hecho conmocionante: Edith Casas (31), hermana gemela de Johana, se separó de Víctor Cingolani (37).

El asesinato ocurrió el 16 de julio de 2010, tres días antes del cumpleaños de Johana (19), modelo en ascenso. Su cuerpo fue encontrado en las afueras de Pico Truncado, en un lugar conocido como el cordón forestal. Tenía dos balazos en el pecho.

La víctima había estado de novia con Víctor Cingolani, un trabajador de una empresa de servicios petroleros. Fue el primero en ser apuntado por la Justicia como el autor de un crimen que conmovió a los habitantes de la ciudad.

El sospechoso fue llevado a juicio y condenado a 13 años de cárcel, aunque siempre sostuvo su inocencia. “No tuve nada que ver. La Justicia necesita un culpable y caí yo. Pero soy inocente”, sostuvo siempre.

Cingolani, junto a Johana.

Durante las audiencias del juicio, Edith iba con una remera en la que pedía justicia por su hermana. Nada hacía prever lo que pasaría algún tiempo después.

Lo cierto es que Cingolani comenzó a cumplir su condena en la alcaidía local. Y no tardó en ganarse la confianza de los demás internos y hasta de las autoridades. Creó un microemprendimiento con otros presos dentro del penal: un horno de ladrillos. Los vendían a buen precio y se repartían el dinero entre los socios.

Johana Casas tenía 19 años.

De pronto, Edith comenzó también a decir a quien quisiera escucharla: “Víctor no mató a mi hermana, es inocente”.

Sus palabras tenían una explicación: se había enamorado de quien hasta ese momento y para la Justicia era el asesino.

El amor entre ambos era tal que no tardaron en hacerlo público. Fue en diciembre de 2012 cuando anunciaron que iban a casarse.

Las tres caras de una historia. Johana, Cingolani y Edith. Pasó más de una década de un caso que recorrió el mundo. Archivo

La boda, prevista para ese mes, debió suspenderse por un recurso que presentó la familia de Edith. Pero sólo duró un par de meses, ya que un juez le dio la razón a una presentación del abogado Lucas Chacón, defensor de Cingolani.

Ambos se casaron, en medio de un escándalo, el 14 de febrero de 2013 (Día de los Enamorados) en el Registro Civil de Pico Truncado.

Hoy Edith no quiere hablar demasiado del tema, pero confesó que ya no está con Cingolani. “Yo tengo mi pareja y él tiene la suya”, dijo en una entrevista.

Una década después, las cosas son distintas. Cada uno por su lado. “Cambió mucho mi vida, estoy tranquila”, dijo y no olvidó a su hermana. “Está siempre en mí, la recuerdo todos los días”.

En cuanto a Cingolani, insistió: “Hace rato que ya no estamos juntos, nos separamos y cada uno rehízo su vida”.

Clarín estuvo presente aquel 14 de febrero en el Registro Civil de Pico Truncado. Edith llegó temprano junto a la familia de Víctor ya que la decisión de casarse la había alejado de la suya.

Cerca del mediodía. y con un fuerte operativo de seguridad, llegó Cingolani, que todavía seguía preso. Hubo de todo: piedras, tomatazos, revoleados por la gente que insultaba al hombre, por entonces acusado de un asesinato pero que en pocos minutos se iba a convertir en el marido de la hermana de la víctima.

El Registro Civil sufrió también la rotura de puertas y vidrios de las ventanas. Fue un escándalo.

Cingolani y Edith, durante una entrevista con Clarín.

En diciembre de 2013, varios meses después del casamiento, la perseverancia del abogado Chacón dio sus frutos. El Tribunal Superior de Justicia revocó la sentencia de Cingolani y atribuyó a Marcos “El Tosco” Díaz, la autoría material del asesinato de Johana. Era su novio en el momento de la muerte de la joven modelo.

Hubo pruebas (como colillas de cigarrillos encontradas en un auto con su ADN) que lo condenaron.

Cingolani recuperó la libertad y comenzó a vivir con Edith en la casa de su madre, a pocas cuadras del centro comercial de Truncado.

En 2015 fueron entrevistados por Clarín: “Estamos felices y, además, la gente entendió que todo fue un error”, dijeron. En una recorrida por la plaza del pueblo, recibían saludos afectuosos, como si nada hubiera sucedido.

La buena nueva

En los últimos días, Edith subió a las redes una foto con una remera que anuncia su embarazo. Está en pareja con un hombre al que le dedica tiernas dedicatorias en su red social.

La mujer apareció con una remera que tiene un bebé dibujado y, sobre su panza, la leyenda: “Acá estoy creciendo”. De esa manera dio la noticia de que será mamá.

Cingolani, por su parte, no pasa inadvertido. El año pasado viajó a España y cuando volvió supo que estaba contagiado de COVID-19. Estuvo internado un mes en la ciudad chubutense de Comodoro Rivadavia. Y cuando se recuperó volvió a Pico Truncado, donde algunos vecinos los “acusaron” de no cumplir el aislamiento.

A más de una década, todo es distinto. Por un momento, Pico Truncado se pareció más a Macondo, el pueblo donde la gente perdía la memoria o de pronto llovía sin parar durante meses tal como lo imaginó Gabriel García Márquez en “Cien Años de Soledad”, que a un pueblo petrolero de la Patagonia argentina.

La mujer que se enamoró y después se casó con quien era el principal acusado de matar a su hermana gemela ya no está con él. Ahora espera un bebé con una pareja nueva. Cingolani hace su vida por otro lado. Parece ser el punto final para una historia de amor, escándalo y muerte.

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