La puja de Portugal por obtener más zonas económicas exclusivas en el Océano Atlántico

Por: Guadalupe Beccar |

Los legisladores portugueses han presentado una demanda legal que cambiaría los límites marítimos de Portugal. Si se valida, la jurisdicción exclusiva de Lisboa se extendería desde su línea costera hasta el límite exterior de su plataforma continental, en el centro del océano Atlántico. Los nuevos territorios incluirían vastas áreas de lecho y fondo marino más allá de la zona económica exclusiva, lleno de riquezas minerales. Además de las posibilidades financieras, el plan también reconectaría Portugal al Atlántico, como lo estaba en el pasado, y de ese modo ayudaría a Lisboa a redescubrir su identidad marítima.

Como la nación más occidental de Europa, Portugal ha mantenido históricamente un distanciamiento de los asuntos globales, prefiriendo centrarse en el Océano Atlántico. En cambio, su cultura ha producido una nación de marinos y exploradores que buscaban fortuna allende al continente. El comercio así como intercambios culturales, científicos y tecnológicos, posicionaron a Portugal como una potencia mundial. En el siglo XV, Lisboa había establecido una red de enclaves y colonias comerciales en África, Oriente Medio, Sudeste Asiático y América del Sur. Sin importar como se mire, Portugal fue un poderoso imperio cuyo alcance se extendió por todo el mundo, pero, como la mayoría de las potencias del pasado, Portugal perdió el control de sus colonias en el extranjero y su influencia disminuyó a su periferia inmediata. Hoy la República Portuguesa consta de tres territorios distintos. Está el Portugal continental, en la Península Ibérica y también dos territorios portugueses autónomos: la cadena de la Islas Madeira, que se encuentra cerca de las Islas Canarias españolas; y el archipiélago de las Azores, que se encuentra en el interior del Atlántico, casi a medio camino entre Europa y América del Norte.

Cada una de estas tres unidades territoriales posee aguas territoriales, así como zonas económicas exclusivas, pero la historia en la que nos centraremos son las 2 unidades autónomas. Las aguas territoriales de Portugal se extienden en un cinturón de 22,2 kilómetros desde su línea costera. Tanto para Portugal continental, así como para sus dos unidades autónomas. Todo dentro de este cinturón de agua es territorio soberano de Portugal, incluido el espacio aéreo y el fondo marino. Las embarcaciones extranjeras aún pueden circular, pero están sujetas a ciertas restricciones, según lo predeterminado por el artículo 19 de la Convención de las Naciones Unidas sobre el derecho marítimo referido al paso inocente. Más allá de las aguas territoriales se encuentra la zona económica exclusiva, que se extiende 370.4 kilómetros más allá de la línea costera. Una zona económica exclusiva permite a un país reclamar derechos exclusivos con respecto a la exploración y el uso de los recursos marinos. La principal diferencia entre el mar territorial y la zona económica exclusiva es que el primero estipula la soberanía total sobre las aguas; mientras que este último se refiere a derechos especiales bajo la superficie del mar.

En términos prácticos, eso significa que el agua superficial sigue siendo parte de las aguas internacionales, pero Portugal conserva el derecho exclusivo de explotar o licenciar los recursos naturales dentro de la zona económica exclusiva. Esto incluye la pesca, la minería, la prospección, etc. Esto hace que islas ubicadas estratégicamente sean una poderosa herramienta. Es la razón por la que Argentina quiere las Islas Malvinas o por la que Japón reclama algunas rocas en el Mar del Este de China; o por qué Beijing está construyendo artificialmente islas en el Mar Meridional de China. Una isla ubicada estratégicamente puede marcar la diferencia.

En el caso de Portugal, sus dos archipiélagos autónomos cuentan con una enorme zona económica exclusiva. La zona económica exclusiva de Azores es de 953 mil kilómetros cuadrados, mientras que la zona económica exclusiva de Madeira es de 446 mil kilómetros cuadrados. En total, la zona económica exclusiva de Portugal se ubica como la cuarta más grande de la UE y la 21ª más grande del mundo. Eso es mucho territorio para una nación de 10 millones, pero Lisboa aún quiere más. Según la Convención sobre el derecho del mar, un estado puede reclamar parte de la plataforma continental adyacente a su territorio. Como referencia, la plataforma continental es básicamente la porción geográfica de un continente que está sumergido bajo un área de aguas relativamente poco profundas. La ley del mar limita la parte reclamable de la plataforma continental a 648 kilómetros más allá de la línea de costera.

Dentro de la plataforma continental extendida, un estado tiene derechos exclusivos sobre los recursos minerales y otros recursos no vivos en el fondo del océano, pero no tiene derechos exclusivos sobre los recursos en el agua, por lo que la minería y la perforación son ámbito exclusivo, mientras que la pesca es accesible para todos. Lo que hace posible toda esta historia es la fisiografía divergente del fondo marino del Atlántico. La región atlántica del norte de Europa que corresponde al Mar del Norte es generalmente de poca profundidad, mientras que sus plataformas continentales son amplias. Esto hace que sea extremadamente difícil presentar una reclamación más allá de la zona económica exclusiva. Mientras tanto, la plataforma continental adyacente a Portugal es mayormente estrecha, con laderas continentales y cañones submarinos que desembocan en vastas llanuras abisales. Aquí, los límites geográficos sumergidos son más fáciles de mapear.

Es esta ventaja la que le permite a Portugal reclamar un área de más de 2.1 millones de kilómetros cuadrados como parte de su plataforma continental. Aunque el proceso legal aún está en curso, si se valida el reclamo portugués, duplicaría el territorio del país a 3,8 millones de kilómetros cuadrados. Al calcular su área marítima, Portugal se convertiría instantáneamente en uno de los países más grandes del mundo, aunque solo el 3 por ciento sería terrestre. ¿Pero de qué va todo esto? ¿Por qué sucede esto ahora? La respuesta es tan fascinante que necesitamos atrasar el reloj hasta 2001. Al final del milenio, Portugal entró en un período de recesión económica. La tasa de desempleo promedio alcanzó casi el 18 por ciento, mientras que el desempleo juvenil alcanzó el 40 por ciento. El período de 2010 a 2014 fue particularmente desastroso, con el estado implementando medidas de austeridad como parte de su programa de rescate.

Los legisladores en Lisboa intentaron calmar al público, pero fue en vano. Portugal había renunciado a su política monetaria en el momento en que se unió a la eurozona. Sin una moneda propia, el valor de los servicios, exportaciones e importaciones portuguesas fue decidido por el Banco Central Europeo, en Frankfurt, donde alemanes tenían más voz. Los legisladores portugueses fueron incapaces de detener la recesión económica porque se habían atado a la Europa continental aún siendo una nación periférica. Este fue un momento de epifanía en Lisboa.

Para prosperar, Portugal debería distanciarse de los asuntos continentales y abrazar el mar una vez más. Al ser una nación con vínculos históricos con el Océano Atlántico, los políticos portugueses intuyeron que tenían que volver a sus raíces marinas. Debían abrazar su pasado y recrear una identidad marítima moderna, por lo que elaboraron una nueva política llamada Mar Portugal, un plan de acción que se centra en la conexión de Portugal con el mar. Como parte de su diseño, el estado estableció una comisión llamada estrategia oceánica nacional, que se encargó de desarrollar una hoja de ruta para Portugal, para promover su economía marítima.

Gran parte de la hoja de ruta de la Comisión depende del desarrollo de tecnologías y capacidades humanas. Sin embargo, una parte igualmente importante de Mar Portugal está validando su reclamo en la plataforma continental extendida. Fiel a su objetivo, la Estrategia Nacional del Océano presentó una reclamación sobre la plataforma continental extendida de Portugal en mayo de 2009. La Comisión de la ONU sobre los límites de la plataforma continental todavía la está considerando, pero el plazo, que puede extenderse, está establecido para 2021. Lisboa tiene argumentos fuertes y si se valida, el territorio de Portugal se duplicaría a 3,8 millones de kilómetros cuadrados. Es un área marina que sería 40 veces más grande que su espacio terrestre, pero esto va más allá. Tener un espacio tan grande para operar permitirá al estado portugués acelerar la hoja de ruta de Mar Portugal mediante el desarrollo de nuevas instalaciones para comunicación, educación, ciencia, investigación, turismo, etc. Portugal fortalecerá su poder blando en el espacio atlántico. Con respecto a los activos físicos, el plan de Mar Portugal busca construir nuevos astilleros y ofrecer servicios en construcción naval, mantenimiento y obras marinas.

El potencial es enorme. Portugal ocupa una posición estratégica en el frente atlántico, su zona económica exclusiva ocupa el cruce de las principales rutas marítimas ecuatoriales y meridionales. Como parte de su plan Mar Portugal, Lisboa busca aprovechar todo el potencial del comercio atlántico mediante la construcción de puertos capaces de recibir portacontenedores intercontinentales y luego integrar dichas redes de cargamento con el resto de Europa. Con respecto a la minería, los políticos portugueses están buscando recursos minerales metálicos como zinc, cobre, cobalto, oro, plata, manganeso, metales tecnológicos y tierras raras, así como recursos no metálicos.

Aunque son necesarios más estudios y exploraciones, Lisboa cree que su espacio marítimo contiene grandes cantidades de depósitos minerales con un valor económico sustancial. En particular, el estado tiene sus esperanzas puestas en los recursos de la Dorsal Mesoatlántica, cerca del archipiélago de Azores. La extensión de su plataforma continental legal colocaría todos los recursos no vivos en el fondo del océano dentro de la jurisdicción exclusiva de Lisboa. El segundo componente del plan de acción de Mar Portugal es la búsqueda de una nueva identidad marina moderna para Portugal, una identidad que esté ligada al pasado, pero que también mire hacia el futuro en busca de innovación y emprendimiento.

Según el plan de acción del gobierno, en un futuro, Lisboa querrá alcanzar la porción marítima de su economía al 50 por ciento de su PIB total, por lo que la mitad de la economía portuguesa vendría del Atlántico. Es todo un plan, pero para lograr una transición tan drástica, un estado necesita algo más que una hoja de ruta económica, necesita una ideología. Por esa razón, el plan de acción Mar Portugal busca adoptar y redescubrir la identidad marítima portuguesa. La idea es que tener una gran plataforma continental tendrá un impacto memorable, si no distinguible, en el mapa mundial y, por lo tanto, cambiará la percepción que los portugueses tienen de sí mismos como nación marinera.

Este cambio ideológico es fundamental. El gobierno cree que sólo adoptando esta identidad marítima puede lograr su ambiciosa política oceánica. Es una visión audaz y en una era en la que Europa occidental es un actor pasivo, Portugal está tratando de tomar las riendas de su destino.

Fuente: https://peritopolitico.com/la-puja-de-portugal-por-obtener-mas-zonas-economicas-exclusivas-en-el-oceano-atlantico/

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