“La maté, ahora me mató yo”, la confesión de un hombre tras cometer un femicidio

Alfredo Poggio de 80 años mató de un balazo a su esposa Elsa Beatriz Revellio de 78 en su casa de la localidad bonaerense de Villa Gesell. Tras el femicidio, se suicidó. Según fuentes judiciales y policiales, el hombre dejó una carta donde admitió el crimen.

En 2020, son 243 las mujeres que fueron víctimas de femicidios. Según un informe del Observatorio de Femicidios de la Defensoría del Pueblo de la Nación, 172 niños quedaron sin madre como consecuencia de esos crímenes. El informe que se difundió el jueves, reveló que es el segundo suicidio de un femicida en el año.

El hecho se registró el miércoles por la madrugada, en el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. Según Télam, la investigación comenzó ayer por la mañana cuando un nieto de la pareja ingresó a la vivienda y encontró muerta a su abuela sobre una de la cama de una de las habitaciones y a su abuelo en la cama matrimonial, ambos con heridas de arma de fuego.

Los efectivos de la comisaría de Villa Gesell arribaron al lugar y constataron que Revellio sufrió un disparo a la altura del ojo izquierdo. En tanto, Poggio tenía un balazo en la sien derecha y una pistola Bersa calibre 9 milímetros en una de sus manos.

El fiscal de la causa, Walter Mercuri, de la Unidad Funcional de Instrucción (UFI) 8 de General Madariaga, informó que tras realizarlse la autopsia se confirmó que se trató de un femicidio seguido de suicidio.

Los investigadores confirmaron la hipótesis luego de encontrar una carta que había dejado el hombre en donde contó: “Yo la maté, son las 3.45. Ahora me mato yo”. Además, le envió un audio de WhatsApp a unos de sus hijos alrededor de esa hora de la madrugada donde le avisó que había asesinado a la madre y se iba a suicidar.

Los allegados a la pareja afirmaron que tenía una “pésima relación”. Pero los investigadores libraron un oficio para determinar si en la ciudad de Buenos Aires había denuncias previas por violencia de género porque en la ciudad balnearia no había ninguna.

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