La inflación obliga a cambiar los hábitos de consumo: cuáles fueron los gastos que más se redujeron

La inflación es un tema recurrente en la vida de los argentinos. Con un índice del 7% mensual en agosto pasado y una variación interanual que escaló al 78,5%, este fenómeno económico obliga a achicar gastos diarios, genera conversaciones en las familias y lleva a las personas a creer que bajarán de clase social. Esos son algunos de los datos principales de una investigación que realizó la Universidad de San Martín (Unsam) acerca de cómo los aumentos de precios impactan en la sociedad.

El trabajo señaló, entre otras cosas, que el 83% de la población debió tomar medidas de ajuste frente a la inflación, el 70,7% admitió que dedica más tiempo que antes a la búsqueda de precios y siete de cada diez consultados manifestaron que la falta de dinero genera fricciones. “No esperábamos números tan altos”, reconoció Ariel Wilkis, doctor en Sociología e investigador del Conicet, al ser consultado por cronica.com.ar.

El especialista tuvo a su cargo este estudio basado en un sondeo de 800 casos en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA). El proceso inflacionario que atraviesa el país provocó una adaptación forzada en la sociedad. En ese sentido, el 47% de los encuestados aseguró haber tenido que comprar segundas marcas o más económicas, mientras que el 42% dijo haber reducido sus consumos.

“En lo personal, ya casi no hago salidas, son muy selectivas. Tengo que pensar en el gasto del remís, lo que voy a consumir en el restaurante, así que dejé de hacerlo. Hace dos años organizaba tres o cuatro salidas por mes. Hoy, una como mucho”, asegura Florencia Ahumada, quien se desempeña como trabajadora social.

Sergio Rosetti, empleado administrativo y padre de un niño de tres años, se expresa en la misma línea. “En mi familia se achicaron bastante los gastos relacionados con el ocio. Antes, uno podía cumplir con lo básico y le quedaba determinada cantidad de plata para salidas al cine, esparcimiento, vacaciones… Ahora ya no pasa”, comenta en diálogo con cronica.com.ar. “Hoy se necesita mucho más dinero para los gastos diarios, el sueldo rinde menos por la inflación y el primer recorte de gastos apunta a las salidas”, explica.

Lucas Fernández es plomero y gasista. En su caso, el índice inflacionario, que en los primeros ocho meses de 2022 trepó al 56,4%, no sólo afecta su economía familiar, sino también su trabajo. “Tengo una rutina de comprar día a día y los alimentos, por ejemplo, suben todo el tiempo. Y con mis clientes opté por mantener los precios, o incluso bajarlos, para poder trabajar. Se labura más para ganar lo mismo y tratar de mantener la calidad de vida”, enumera Fernández. Padre de una nena de ocho años y un bebé de cuatro meses, agrega que las personas le “pelean mucho más el precio” que tiempo atrás y aporta un detalle: “La propina era algo habitual, pero hoy no existe más. Se terminó”.

Al igual que el 62% de los encuestados por la Unsam, Ahumada admite no poder pensar en el futuro por los efectos de la inflación. “Hace cinco años que estoy tratando de construir mi casa en Marcos Paz. Y eso que accedí al terreno a través de una cooperativa. Los materiales para seguir avanzando cuestan muchísimo y los préstamos bancarios tienen intereses cada vez más altos, por lo que se hace imposible pagarlos. No hay manera de ahorrar”, enfatiza la trabajadora social. “Todo proyecto a corto plazo es una traba y largo plazo no se puede programar, ni concretar”, añade.

Además, Rosetti se suma a quienes reconocen dedicar más tiempo a buscar precios, ya sea en comida o ropa. “El lugar de la compra varía de acuerdo a donde sabemos que puede haber alguna oferta o marca en especial. Y las segundas marcas que sabemos que están en comercios específicos las vamos a buscar ahí. Los días de compras son los miércoles, porque tenemos descuentos con la tarjeta de débito”, señala.

Si hay algo en lo que coinciden Ahumada y Rosetti, como el 82,6% de la población, es en hablar mucho con su familia sobre la suba constante de los precios. “Cada vez que me junto con mi mamá, no hay charla que no esté atravesada por la inflación y los ajustes que tuvimos que hacer en nuestra economía diaria. Es inevitable”, cuenta la trabajadora social.

“Con mi mujer hablamos de este tema y, a veces, elegimos parar porque nos bajoneamos. Vemos que publican un producto y decimos ‘¡mirá lo que sale!’. Uno piensa que no lo va a poder comprar”, sostiene el empleado administrativo.

En un contexto de inflación creciente, según indica el estudio, “todos pierden”. Agrega que “el tema es quién pierde más. Primero, están los que ven afectado su poder adquisitivo. Trabajadores y jubilados observan cómo el ritmo del incremento de los precios es mayor y más veloz que los aumentos de los ingresos. Les siguen los más vulnerables: desempleados y jóvenes”.

El trabajo arrojó otro dato preocupante sobre los efectos de este panorama inflacionario: el 69% de los consultados afirmó creer que bajará de clase social en los próximos meses. “El desclasamiento preocupa, porque uno no se lo termina de imaginar. Tampoco es algo abrupto, no pasa de un día para el otro; se trata de un proceso que, de poco, te come el poder adquisitivo. Y en alguna medición del Indec, desde lo estadístico, pasaste de un lado para el otro”, expresa Rosetti.

Wilkis, en tanto, aporta su mirada sobre este punto. “La incertidumbre con respecto al futuro y la certeza sobre el desclasamiento es un dato relevador de la situación en la que se encuentra gran parte de la sociedad argentina. Ese número revela que las expectativas de clase de gran parte de los sectores sociales se han reducido mucho a la esfera del consumo que uno puede asociar a bienes de satisfacción, como la compra de toda serie de objetos que no son necesariamente durables e impliquen una gran inversión”, considera el investigador del Conicet. /Crónica

Sigue Wilkis en su análisis: “Cuando la inflación golpea ya no al imaginario de poder acceder a una vivienda o un auto, sino en el acceso a bienes de consumo que tienen que ver con el entretenimiento o la alimentación, esos sectores llegan a estar resignados a esa renuncia y esa renuncia se vuelve aún más dolorosa y significativa en torno a lo que puede pasar con su situación dentro de la estructura social”.

Y concluye el especialista: “Eso me parece que es lo que está en juego. Es un punto de llegada de muchas pérdidas previas y en lo que hoy está impactando este fenómeno económico es una pérdida de las pocas cosas que se mantenían. Y ahora, con la inflación alta, ni siquiera se mantienen”.

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