La Iglesia endurece su postura con un llamado a marchas y presión a espacios políticos para votar contra el aborto

Por orden del Papa Francisco, obispos, curas, parroquias, laicos ligados a la fe católica, avanzan con una firmeza diaria, inclaudicable, sólida, y con un método y una táctica uniforme para influir desde el Vaticano sobre la política nacional como tal vez nunca haya ocurrido desde 1983 hasta hoy. El 8 de julio, Ojea juntó a 52 obispos en la Catedral de Luján, donde la Iglesia Católica había movilizado a “una multitud”, según cálculos de las autoridades eclesiásticas.

Su homilía había sido hasta esta semana la crítica más dura contra el proyecto de legalización del aborto. “Sería la primera vez que se dictaría en la Argentina y en tiempos de democracia una ley que legitime la eliminación de un ser humano por otro ser humano”, dijo sobre la posibilidad de que el proyecto sea ley gracias al Senado.

El jueves pasado, los seis obispos de las arquidiócesis de Córdoba escalaron ese discurso con palabras escritas en una carta pública que demuestran hasta dónde llega la preocupación del Pontífice sobre el tema. Y el enojo del Papa Francisco con el Gobierno de Mauricio Macri. Las relaciones entre el Vaticano y Buenos Aires pasan hoy por su peor momento.

Los obispos cordobeses aseguraron que si la interrupción del aborto legal es Ley nacional, entonces el país dejaría de vivir en democracia para darle paso a una dictadura. El párrafo es éste: “Creemos que una democracia que no respete toda vida humana se convierte visible o encubiertamente en dictadura de los que ostentan más poder porque cuando no se respeta la vida del más débil la libertad se convierte en ocasión de dominio y arbitrariedad”.

La carta explicita que es una reacción a un dictamen propuesto por senadores cordobeses, en el que se introducen cambios al proyecto que llegó a la Cámara alta con media sanción de Diputados.

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Ese dictamen podría generar una mayoría de senadores que aprobaría el nuevo proyecto y que haría volver el dictamen a favor de la legalización del aborto a la Cámara baja.

Los obispos de Córdoba rechazaron esos cambios de forma categórica: “Consideramos que no expresa ni el sentir de muchos cordobeses, ni el rico cimiento jurídico a favor de la vida de nuestra Constitución Provincial”.
Cristina Kirchner escuchó al líder de la Conferencia Episcopal. Lo mismo les ocurrió a la mayoría de los senadores nacionales.

A esta presión se les suman también actividades similares de líderes espirituales de las Iglesias Evangelistas de Argentina. La orden de avanzar con estos tonos y acciones llega desde Roma.

La Iglesia Católica está convocando de modo oficial, incluso, a una movilización hacia la Quinta de Olivos, la residencia del Presidente. Será el lunes 30 de julio a las siete de la tarde. Otros movimientos de la Curia son más sigilosos. Monacales, podría decirse.

La senadora Cristina Kirchner no ha definido todavía públicamente, sin dejar lugar a equívocos, si su voto será a favor o en contra de la legalización del aborto. En la intimidad asegura a los dirigentes de su espacio político que aún duda sobre qué hacer cuando en la decisiva sesión del próximo 8 de agosto los representantes de las provincias decidan cuál será el destino de la ley. Su posición histórica ha sido contraria a que el Estado regule la interrupción voluntaria del embarazo. Ahora, en sus charlas con asesores y visitantes del PJ les cuenta que su hija, Florencia, insiste para que ella ceda y entienda que los tiempos cambiaron. Su hijo varón, el diputado Máximo Kirchner, ya votó a favor de la legalización en la Cámara Baja. Pero la que ‘milita’ dentro del hogar para cambiar la postura materna es la hija menor.

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