La estudiante ideal: tiene 93 años y no larga los libros

“Yo no fui al colegio ya que vivíamos demasiado lejos y antes los padres no se preocupaban mucho para que uno estudiara, así que de grande decidí regresar”, señaló en diálogo con “Crónica” la nonagenaria, quien agregó entre risas: “Voy porque me gusta aprender y además es una compañía para mí. Siempre digo que voy a seguir yendo hasta que me echen”.

Nacida un 17 de marzo de 1926, Vergara no tuvo formación escolar porque, además de lo que mencionó, debió trabajar para ayudar a la familia. Según su propia nieta, Nuria Mansilla, el disparador para encariñarse de nuevo con los libros se dio tras una situación desafortunada.

“Ella quiso retomar para saber leer y escribir porque un mal vecino la estafó en una firma de papeles y le sacaron parte de su terreno”, indicó y continuó: “Le tomó tanto cariño al estudio que se enoja cuando no hay clases, incluso se molesta cuando un compañero suyo del establecimiento N°337 del barrio Usina, no comparte útiles”.

La vida de Vergara está repleta de esfuerzo y superación: de muy joven enviudó y se tuvo que hacer cargo de sus seis hijos. “El optimismo que tiene le da fuerzas para todo, jamás está alterada. Ve como absurdas las discusiones y cree que es mejor hablar”, aclaró Mansilla, quien destacó: “Es mi vida, mi protectora, quien nunca tiene un reproche, quien me enseñó que de todas se sale. Sólo hay que pararse y seguir”.

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Por otro lado, el periodista local Martín Ruppel le contó a este medio que: “Luisa es una persona súper simpática, amable y me ha dicho que el secreto para llegar bien a esa edad es estar siempre de buen humor”.

En ese marco, señaló: “Por ahora sigue muy bien de salud, sigue estudiando, la tienen como la reina de la escuela, le prepararon un banquito especial para que apoye los pies en una tarima, está todo amoldado hacia su persona. Otro detalle que hay que valorar es que le gusta mucho tejer y cuando empieza la primavera disfruta de la huerta de su casa, por eso espera con ansias esa estación del año”.

Hoy, tanto sus familiares como amigos y compañeros le rinden homenaje y la toman como un ejemplo de perseverancia. Ella, con su mirada cansina pero cargada de confianza, les deja un mensaje a todos aquellos vecinos que han pasado por una historia similar: “Dejen de lado la vergüenza y anímense a estudiar”.

 

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