La actividad industrial cayó 0,5% en noviembre y profundiza la desaceleración

La actividad industrial cayó 0,5% en noviembre contra el mismo período del año pasado, consolidando así la desaceleración que se inició meses atrás, según un estudio privado.

No obstante, si se compara con octubre se registró una leve suba de 0,2%, quebrando seis bajas consecutivas, de acuerdo al indicador sectorial que elabora la Fundación de Investigaciones Latinoamericanas (FIEL).

Con este resultado, en el acumulado entre enero y noviembre, la producción manufacturera aún mantiene un saldo positivo de 3,4% comparado con igual período de 2021, pero recortándose. El acumulado a agosto había sido de 4,6%, que se redujo a 4,1% en septiembre y a 3,8% en octubre.

Entre los motivos que explican esta situación se destaca la traba a las importaciones que impactó en la capacidad productiva de muchas ramas industriales. Al escenario cambiario se le debe añadir una caída en la demanda ya que la inflación está afectando los niveles de consumo de gran parte de la población.

“El nivel de la actividad industrial ajustada por estacionalidad resulta 7.5% inferior al alcanzado en abril pasado cuando se tuvo el registro de mayor producción de este año”, señaló FIEL.

“Todos los indicadores que permiten evaluar la evolución de la actividad señalan que la industria se encontraría transitando una nueva fase de caída”, aseguró el informe.

A su vez, sostuvo que “en la comparación con episodios previos de contracción de la industria, transcurridos siete meses, la presente fase muestra una caída más profunda que la iniciada a fines de 1999 y que se prolongó hasta 2002, que la que se tuvo en 2008, la que se inició a fines de 2011 ó la de mediados de 2015”.

El informe de FIEL se suma a un panorama general que muestra una economía en retroceso en la última parte de 2022. El INDEC publicó en las últimas horas el nivel de actividad en octubre que si bien mostró un alza de 4,5% en forma interanual, cedió 0,3% contra septiembre sumando el segundo período consecutivo en rojo.

En tanto, la UIA expresó un diagnóstico similar. En su último informe de actividad adelantó que “los datos disponibles de noviembre muestran una situación dispar. Si bien algunos indicadores de producción siguen mostrando subas interanuales, como es el caso de la industria automotriz, se observan caídas en sectores proveedores de insumos de la construcción. Asimismo, la demanda de energía eléctrica de Grandes Usuarios Industriales registró una caída interanual de -1,8%.

Agregó que con los datos disponibles “el año se encamina a cerrar con un panorama desafiante en materia de actividad. La industria se enfrenta a una situación de escasez de algunos insumos críticos en un contexto de faltante de divisas”.

“Todo este panorama generó menores expectativas de crecimiento para la economía argentina durante el próximo año. La evolución del contexto macroeconómico y las restricciones al abastecimiento de insumos serán elementos centrales a tener en consideración para los próximos meses, ya que serán determinantes para el devenir de la actividad industrial”, concluyó la entidad.

Pese a este pálido cierre del año, la cuenta final mostrará una expansión económica superior al 5%, producto de la buena performance de la primera mitad del año y del arrastre que dejó el 10% de crecimiento de 2021, repunte posterior a la pandemia.

Sin embargo este efecto “estadístico” favorable en 2022 será inverso en 2023 ya que la caída que se está experimentando “arrastrará” una merma de 0,4% aproximadamente. El Gobierno confía en que la actividad se recuperará para terminar con un alza de 3/3,5% que apuntale sus posibilidades industriales.

En tanto, en el sector industrial ven con cautela esta posibilidad a partir de las persistentes trabas para acceder a dólares que permitan financiar las importaciones en plazos razonables.

Como última hoja de ruta, el ministro de Economía, Sergio Massa, les prometió a los industriales que tendrán divisas disponibles por un 10% más que las solicitadas en 2022. Pero esto depende en gran parte de la obtención de recursos que refuercen las reservas del Banco Central.

En esta situación juega un rol fundamental la sequía que está condicionando fuerte la próxima campaña de soja.

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