“Hay que volver a la escuela”, la carta firmada por 500 docentes pidiendo el retorno “urgente”

En algunos días se cumplirán ocho meses desde aquel 15 de marzo cuando el Ejecutivo dictó la suspensión de las clases presenciales y un grupo de 500 docentes firmó una carta pidiendo por el retorno “urgente” a las escuelas.

La misma titulada “Hay que volver a la escuela” expresa la desigualdad generada entre los estudiantes a raíz de la falta de insumos tecnológicos para afrontar la virtualidad dispuesta durante estos meses.

Además, hacen referencia al agotamiento psíquico y mental que tienen los alumnos por el encierro, así como también exponen opiniones científicas que aseguran que las escuelas no son focos de contagio.

Somos un grupo de docentes preocupados por esta situación y entendemos que es necesario abrir las escuelas y volver a las clases presenciales -suspendidas por el Poder Ejecutivo Nacional el 15 de marzo de este año- lo antes posible. Los chicos quieren volver, los padres quieren que sus hijos vuelvan.

Las escuelas cerradas profundizan la desigualdad social, se están provocando daños que pueden ser irreparables. Vemos y sabemos que hay en muchos chicos cuadros depresivos, desánimo, incertidumbre. Los intentos de vinculación con cada chico y con cada familia son en algunos casos enormes pero insuficientes.

La opinión científica recomienda abrir las escuelas, la experiencia en el mundo indica que hacerlo no provoca un aumento sensible en la propagación del covid-19 y en muchos países que han aumentado las restricciones no se han vuelto a cerrar las escuelas. Estas experiencias son muy valiosas porque nos dan la posibilidad de copiar a los países y ciudades que han sido exitosas y mirar con atención a los que han tenido que retroceder para no cometer esos errores.

El esfuerzo que están haciendo muchos directivos, tutores, maestros, profesores, preceptores, personal administrativo y personal auxiliar es cada vez más difícil de sostener, en algunos casos hay un profundo agotamiento no sólo físico sino también psíquico y mental.

Y lo más trágico es que pese a todo este esfuerzo hay muchísimos alumnos que permanecen desconectados de la escuela.

Un docente no puede ser reemplazado por una computadora. Aplazar la vuelta a clases y en lugar de eso ofrecer computadoras a los alumnos desconectados no es la solución. El trabajo de un docente en la escuela con los alumnos es irreemplazable. Es el docente en la escuela el que observa las particularidades de cada curso y de cada alumno y ahí en ese contexto planifica y corrige. Nos parece además que una propuesta así implica desvalorizar nuestro trabajo y sienta un peligroso precedente para el futuro.

Horas y horas de zooms y videos educativos están lejos de representar herramientas idóneas para que los chicos aprendan y, probablemente, esa exposición prolongada a las pantallas tendrá, tarde o temprano, secuelas para su salud.

El retorno a la presencialidad debe ser con las mejores condiciones de seguridad sanitarias, con protocolos claros y con absoluta responsabilidad para reducir riesgos de contagio en la escuela. El debate sobre el tema debe ser sincero, no extorsivo.

La participación de un docente en lo que queda de 2020 debe ser voluntaria, si un docente es parte de la población de riesgo debe postergar su participación en la presencialidad por lo menos hasta febrero de 2021, el docente que regresa a la presencialidad en una escuela no debe hacerlo en ninguna otra escuela en la que dé clases.

La concurrencia para los estudiantes durante 2020 también debe ser voluntaria, si alguno vive muy lejos puede elegir seguir de manera virtual y los demás si quieren hacerlo tienen que poder hacerlo. En el caso del AMBA sabemos que hay muchísimos chicos que viven en el Gran Buenos Aires y prefieren estudiar en escuelas de la Ciudad de Buenos Aires, son casos que deben ser considerados especialmente.

Si realmente todos los docentes consideramos a la escuela como una institución fundamental y queremos luchar contra la desigualdad y la pobreza la vuelta a la escuela es un imperativo ético. Es insostenible poder tomar algo en un bar mientras los alumnos no pueden verse en la escuela con sus compañeros y sus docentes, o decir que la escuela es una institución esencial mientras las mantenemos cerradas.

La magnitud de la situación requiere un regreso a la presencialidad. Más allá del cumplimiento de “pactos preexistentes” que algunos hayan rubricado, todos debemos tener en claro que con las escuelas cerradas los chicos pierden y si pierden los chicos, perdemos todos porque perdemos el futuro. Hay que volver a la escuela. Es urgente.

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