Estafa millonaria y vecinos cómplices: pagaban impuestos y servicios con tarjetas de crédito robadas

La fila era permanente. Dos, tres, cinco personas con la boleta de un impuesto o servicio en la mano. Todos en la vereda de una casa precaria, de un barrio de clase baja en Lomas de Zamora. La planta alta pintada de azul era la característica distintiva. La gente pasaba la reja, después la puerta. En las ventanas, las persianas medio bajas no dejaban ver lo que pasaba adentro. Adentro “El Contador”, como lo conocen en el barrio, se ocupaba de un negocio tan redondo como ilegal. Los vecinos pasaron de pícaros a cómplices y podrían ser considerados partícipes necesarios de una estafa millonaria.

La promoción era tentadora: si la boleta de luz a pagar era de 2.000 pesos, el usuario dejaba mil y adentro de la casa de Andres Bello al 700, en Ingeniero Budge, se ocupaban del resto. El comprobante quedaba para después.

Al menos hace seis meses que, según pudieron establecer los investigadores, la operatoria funcionaba. La Policía incautó este martes alrededor de 7 millones y medio de pesos en efectivo, además de aparatos electrónicos, tarjetas de crédito, memorias y chips de celular.

El negocio fue tipo hormiga, poco dinero pero mucha cantidad. La inflación, la suba de tarifas y el contexto económico precario fueron el caldo de cultivo perfecto para la publicidad boca en boca.
Estafa millonaria y vecinos cómplices: pagaban impuestos y servicios con  tarjetas de crédito robadas

El matrimonio cobraba el 50% de las boletas en efectivo y el resto lo pagaban con tarjetas de crédito robadas.

La luz, el gas, el agua y hasta AFIP, pasando por créditos personales en casas de electrodomésticos o de ropa deportiva, todo se podía pagar en la casa de “El Contador”. En grupos de WhatsApp y a través de los estados difundían los servicios disponibles en esta casa ubicada en el sur del Conurbano.

No fueron las víctimas definitivas de la estafa ni las empresas las que denunciaron la creativa modalidad delictiva. Fuentes de la investigación confiaron que los descubrieron casi por casualidad.

Agentes del Destacamento de Banfield de la Policía Bonaerense hacían “tareas de vigilancia” en la zona de Andrés Bellos y Nápoles. Algunos dirán que eran recorridos preventivos, otros que buscaban a un prófugo en una causa de homicidio vestidos de civil.

Lo cierto es que a los policías les llamó la atención el constante movimiento en la “casa azul”. “Parecía narcomenudeo, una persona común que pone su casa o comercio al servicio del delito, pero en ese caso los compradores no son partícipes porque la posesión de drogas no es un delito, en cambio esto sí: los vecinos son cómplices de la estafa”, analiza una fuente judicial en diálogo con Clarín.

Después de recolectar testimonios de vecinos y usuarios del “servicio” sin ser detectados, los policías pudieron reunir suficiente información para iniciar una causa. El expediente cayó en manos del fiscal Javier Martínez, a cargo de la UFI N° 8, especializada en Delitos Económicos. Junto con el juez Gabriel Vitale, del Juzgado de Garantías N° 8, autorizaron las medidas y las detenciones.

Mientras 5 millones de personas festejaban el campeonato mundial de la Selección Argentina, agentes de la Bonaerense allanaban la casa de Ingeniero Budge. Carlos Daniel Monteagudo (40) y Marisa Ester Baigorria (34) quedaron detenidos y acusados por estafas reiteradas. Ahora, el juez Vitale deberá decidir si permanecerán detenidos o si afrontan el proceso en libertad.
Estafa millonaria y vecinos cómplices: pagaban impuestos y servicios con  tarjetas de crédito robadas

La característica distintiva de la casa era la pintura azul en la planta alta.

“Defraudaciones realizadas mediante el uso no autorizado de tarjetas de crédito reiteradas (once hechos), las cuales concursan materialmente entre sí”, es la acusación formal. Estiman que la cantidad final de operaciones, multiplicará por cientos esa cifra.

En la fiscalía de Martínez pudieron probar al menos 11 transacciones realizadas por los imputados. “Los delincuentes procedían a abonar el total del servicio o del impuesto por medios electrónicos y utilizaban para abonar los datos de tarjetas de crédito de terceros”, detallaron.

Si bien no sospechan de una banda sino de un “emprendimiento familiar”, al momento analizan los teléfonos celulares, las tablets y los chips para determinar el alcance de la estafa. Los investigadores sospechan de algún empleado infiel de “un gran comercio que les permitía obtener los datos de un importante caudal de tarjetas de crédito”, especularon. Tanto debería ser, que les podrían realizar pagos hormiga con distintos datos sin ser descubiertos por la autoridades bancarias ni por los titulares.

“Es una nueva modalidad, sin dudas. Se aprovechan de que muchas personas quizá ni noten en sus consumos un gasto de esos montos y de un servicio público. Pero se abre otra implicancia relacionada a los vecinos que se prestaban a la estafa. Podrían ser considerados partícipes necesarios porque de alguna manera tenían que saber”
, confiaron fuentes del caso consultadas.

Los pagos electrónicos a los que pudieron acceder para conseguir las detenciones alcanzan los 500 mil pesos en 11 plásticos de las empresas Visa y Mastercard. Pero en el domicilio hallaron 7.400.000 de pesos, lo cual implica una estafa -de mínima- del doble de ese monto según se puede estimar por la modalidad de la operatoria.

“De la investigación de los dispositivos electrónicos secuestrados se podrá determinar la cantidad de estafas realizadas y la magnitud del perjuicio económico. Los detenidos no pudieron justificar el origen del dinero secuestrado”, indicaron en la fiscalía. De ese mismo peritaje podrían identificarse a los “clientes” de la banda y está por verse si la justicia también los imputa.

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