El «QUAD»: la nueva alianza estratégica en el lejano oriente para frenar a China

Por: Julian Veron |

Después de haber sido relegada de los asuntos globales durante gran parte de los dos siglos anteriores, China ha comenzado a reafirmar su lugar en el centro de la geopolítica mundial. Las reformas de mercado y su integración en la economía global han otorgado a Beijing un poder significativo, al que le ha seguido, en los últimos años, la adquisición de material militar. Es comprensible que estos desarrollos hayan provocado ansiedad en Asia y el Pacífico. Pero el equilibrio de poder es mesura de la paz, y algunas naciones han comenzado a formar un pacto para contener a China.

Apodado como la OTAN asiática, el Diálogo de Seguridad Cuadrilateral, o «QUAD» para abreviar, está formado por Australia, India, Japón y Estados Unidos. Ligados por un conjunto de intereses comunes, QUAD se está convirtiendo rápidamente en el principal organismo de seguridad en Asia y Pacífico. Pero, ¿qué es la alianza QUAD, de dónde viene, cuáles son sus objetivos y puede realmente mantener a China en un estado de letargo?

El tsunami del Océano Índico de 2004 fue una catástrofe de una escala que rara vez se ve en los tiempos modernos. Un terremoto de magnitud 9,2 con epicentro en el noroeste de Sumatra, levantó una ola de 30 metros que devastó las costas del Océano Índico. En cuestión de horas, casi 230.000 personas en catorce países diferentes perdieron la vida. A medida que la ayuda comenzó a llegar de todo el mundo, Australia, India, Japón y Estados Unidos tomaron la iniciativa en la coordinación de los esfuerzos humanitarios. Durante los siguientes nueve días, esta coalición improvisada aportó más de 40.000 soldados y trabajadores humanitarios, así como decenas de helicópteros, barcos y aviones de transporte.

Fue un esfuerzo multinacional inspirador y bienintencionado, alejado del cinismo que a menudo domina los asuntos internacionales. La misión terminó en enero de 2005 cuando Naciones Unidas asumió la responsabilidad. El éxito de esta coalición improvisada generó entusiasmo en los círculos diplomáticos sobre el potencial de un organismo institucional permanente. La idea fue defendida por el primer ministro japonés Shinzo Abe, que quería tentar a la India para que entrara en el paraguas de seguridad liderado por Estados Unidos que incluía a Australia. Al hacerlo, Abe creía que India contrarrestaría a China y ayudaría a promover la democracia en Asia. Nueva Delhi, reconociendo la oportunidad de asegurar el apoyo de Washington para su programa nuclear, aceptó la oferta y, a principios de 2007, se formó el Diálogo Cuadrilateral de Seguridad. Durante los meses siguientes, se abrieron líneas de comunicación y las cuatro naciones realizaron ejercicios navales conjuntos en la Bahía de Bengala.

Sin embargo, el ánimo anti-China de QUAD fue evidente desde el principio y, en poco tiempo, Beijing presentó sus quejas a los miembros del bloque. Esta presión diplomática comenzó a causar grietas dentro del grupo. Al final resultó que, ni Canberra, Nueva Delhi ni Tokio estaban dispuestos a sacrificar su relación con China en beneficio del QUAD. Cuando se vieron obligados a tomar una decisión, las relaciones bilaterales con Beijing superaron a las obligaciones del diálogo Quadrilateral. La salida de Australia del grupo a principios de 2008 confirmó lo que ya se sabía; un año después, QUAD se desvaneció en las sombras.

Sin embargo, las ideas políticas tienden a sobrevivir mucho más allá de su contexto histórico original. En los últimos años, el aumento de las tensiones en Asia-Pacífico ha reforzado la necesidad de una alianza estructural para mantener el equilibrio de poder en Asia. A la vanguardia de los esfuerzos para revivir el QUAD está Estados Unidos, que busca completar el “giro” hacia Asia propuesto por primera vez por el presidente Barack Obama. Con tres de los estados asiáticos más destacados como miembros, gran parte de las especulaciones sobre QUAD se han centrado en su capacidad para frenar a China de lograr la hegemonía asiática. Por lo tanto, bajo la presidencia de Joe Biden, Washington buscará revivir el Diálogo Cuadrilateral de Seguridad. Sin embargo, la estrategia estadounidense se verá limitada por dos factores cruciales.

En primer lugar, el poder militar chino, en particular su paraguas de misiles, es infranqueable entre el Himalaya y el Mar de Japón. Hay múltiples capas en la defensa China. Cuanto más cerca del continente, más fuertes se vuelven las capacidades de denegación de China. La proyección de poder extranjero es casi imposible en el círculo interno. Esto descarta la intervención militar directa. En segundo lugar, mientras que en el pasado Washington ha utilizado la guerra económica para coaccionar a sus enemigos, ahora China está demasiado integrada en la economía global como para aislarla. La mayoría de los países comercian más con China que con Estados Unidos, por lo que Washington tendrá que seguir comerciando con Beijing o ceder los beneficios del comercio a otros. Dicho de otra manera, para contener a China, las medidas tradicionales como las sanciones económicas y las intervenciones militares no servirán.

En cambio, al igual que en la Guerra Fría, la gran estrategia de Estados Unidos en Asia probablemente será de contención, lo que requerirá una alianza similar a la de la OTAN. Dada la geografía del este de Asia, esto tomará la forma de negación marítima, una estrategia mediante la cual se evita que las fuerzas navales hostiles obtengan el control de las líneas de comunicación marítimas cercanas. Como tal, los ejercicios conjuntos entre las cuatro armadas se han renovado recientemente, y si las armadas de QUAD se vuelven completamente integradas, podrían actuar para coaccionar a China amenazando las vitales rutas de navegación. Además del incomparable poder marítimo de la Armada de los Estados Unidos, los estados miembros de QUAD tienen activos territoriales ubicados en puntos de estrangulamiento estratégicos en los mares del Sudeste Asiático y a lo largo de la Primera Cadena de Islas, que se extiende desde la isla de Borneo, a lo largo de Filipinas, hasta la costa de Japón. En el oeste, las islas de Andaman y Nicobar proporcionan a la India una plataforma de lanzamiento para proyectar el poder naval en el Estrecho de Malaca. Algo de lo que hablé en otro video. Además, el territorio australiano de Islas Cocos puede resultar muy valioso para taponar las rutas comerciales alternativas que atraviesan el estrecho de Sonda y el estrecho de Lombok. Su pista de aterrizaje se está renovando para acomodar aviones de patrulla marítima, y un mayor desarrollo de su instalación podría otorgar una mayor capacidad de proyección de poder. En el Este, Estados Unidos buscará cooperar con Japón, utilizando sus instalaciones en Okinawa y su alianza informal con Taiwán para proyectar poder a través del Mar de China Oriental.

Si bien esto no sería suficiente para controlar los océanos, una estrategia de negación marítima buscaría contener a la Armada china manteniéndola ocupada en su propio patio trasero. En última instancia, dado que las fortificaciones permanentes no son posibles en aguas profundas, la potencia marítima regional de China seguirá siendo horadada por sus rivales geopolíticos. Dicho esto, la formulación de políticas nunca es tan sencilla. Si la primera iteración de QUAD es algo de lo que aprender, los intereses divergentes de las cuatro naciones pueden llegar a ser un punto de fricción.

Australia, el miembro de QUAD que más depende de China para su prosperidad, se encuentra ahora en una encrucijada histórica. El año 2020 vio las relaciones chino-australianas tocar fondo por temas como el COVID-19 y acusaciones mutuas de abusos a los derechos humanos. Los aranceles y las represalias comerciales han causado grandes problemas para las industrias agrícolas de Australia, y aunque China todavía depende de los minerales australianos para sus proyectos de construcción, las preocupaciones de seguridad están empujando a Beijing a diversificar evitando Australia. Sin embargo, Canberra sigue siendo firmemente pro estadounidense y es poco probable que las relaciones entre China y Australia mejoren pronto.

Además, no está claro si los intereses de India al este del estrecho de Malaca son suficientes para unirla con una alianza permanente. Si bien las disputas territoriales en el Himalaya han llevado a Nueva Delhi a enfrentarse a Beijing, el principal enemigo de India es Pakistán, no China. Además, en términos comerciales, India está generalmente más orientada hacia Occidente que hacia Oriente. Si bien la India todavía comercia considerablemente con el este de Asia, esto representa menos de la mitad del valor de su comercio con Europa y Oriente Medio. Así pues, Nueva Delhi tiene razones para no arriesgarse a un enfrentamiento con su vecino más poderoso. Japón, por su parte, es quizás el más comprometido de todos los miembros del QUAD para contener a China.

Esto se debe tanto a su proximidad geográfica como a su alto grado de integración en el sistema de alianzas de Estados Unidos. Sin embargo, aunque Japón tiene disputas con China sobre las Islas Senkaku y otros revisionismos históricos, la retórica de Tokio hacia su vecino asiático ha sido más diluida en los últimos tiempos. Una vez más, la preocupación es mantener los lazos económicos. Tokio debe sostener un delicado equilibrio entre seguridad y prosperidad; y, por lo tanto, no querrá azuzar el fuego tan fácilmente. Incluso si estas preocupaciones se solventan, y QUAD se convierte en una alianza estable, aún tendrá que fortalecer sus lazos con el sudeste asiático y las naciones de la Primera Cadena de Islas para cerrar las brechas en su estrategia de negación marítima. Eso significa conglomerar a Vietnam, Singapur, Malasia, Indonesia y Filipinas en un segundo grado de alianza. Esto requerirá mucho poder blando que vaya más allá de simplemente contener a China.

El compromiso de mantener un “orden basado en reglas” de derecho internacional y valores democráticos puede verse bien en el papel, pero a menos que estas ideas se correspondan con resultados tangibles sobre el terreno, es poco probable que ganen nuevos aliados. Si bien algunos países, como mi querido Vietnam, se han opuesto con uñas y dientes a la creciente influencia china, Beijing ha podido seducir a Camboya y Laos a través de la inversión directa, la ayuda económica y el suministro de material militar. Además, India se ha excluido la Asociación Económica Integral Regional, un acuerdo de libre comercio que podría establecer las reglas del ecosistema económico asiático en los años venideros.

Sin un contrapeso económico para China, la importancia relativa de su relación comercial puede hacer que más países de la ASEAN entren en la órbita de Beijing. Aún así, a pesar de los desafíos, la situación actual en el sudeste asiático le brinda a QUAD dos oportunidades claras para sumar puntos diplomáticos. La primera es la vacuna del COVID. En una cumbre virtual en marzo de 2021, QUAD se comprometió a proporcionar al sudeste asiático mil millones de dosis de vacunas contra el COVID para finales de 2022. Si tiene éxito, esto podría ayudar a QUAD a establecer una verdadera órbita de poder blando a las puertas de China; algo que Beijing no ha logrado hasta ahora. En segundo lugar, India y Japón están en una posición privilegiada para abordar la actual crisis política en Myanmar, donde los militares dieron un golpe de Estado. Incluso después de que Occidente retirara las inversiones a Birmania en respuesta a la persecución de los rohingya, Japón continuó invirtiendo en el país y proporcionando ayuda económica. Usando esta influencia, Tokio ayudó a negociar un alto el fuego entre el ejército y los grupos rebeldes en 2019. Además, Nueva Delhi, a través de su política Act East, ha establecido profundas conexiones con el ejército birmano.

A través de estas actividades, Tokio y Nueva Delhi pueden negociar una resolución pacífica a través de canales discretos. Los programas, como las vacunas COVID y la crisis en Myanmar, brindan oportunidades para hacer valer nuevos diseños geopolíticos. En resumen, el advenimiento de China empujará a las potencias de Asia a una coalición de contrapeso, que se verá limitada por factores estratégicos para seguir su política de contención. QUAD, aunque actualmente no es una alianza militar, puede ser el germen de un bloque de contención que desempeñe un papel similar al de la OTAN durante la Guerra Fría. Sin embargo, como demostró el fracaso del primer QUAD, una alianza basada solo en el interés propio puede no mantenerse unida por mucho tiempo. Mediante sus acciones humanitarias a raíz del tsunami de 2004, QUAD cimentó su legitimidad. Pero una sólida política de poder blando es fundamental; de lo contrario, este 2º QUAD correrá la misma suerte que el primero; el de cuatro socios en el mismo barco pero arriando velas distintas.

Fuente: https://peritopolitico.com/el-quad-la-nueva-alianza-estrategica-en-el-lejano-oriente-para-frenar-a-china/

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