El misterio del aroma a lluvia: ¿Qué hacen todas las bacterias que viven en el aire?

Investigadores de la Universidad de Georgia, en Estados Unidos, dieron un paso clave en el análisis de la biosfera, el sistema donde viven la mayoría de los seres vivos del planeta. Los estudios demostraron que hasta un 20% de lo que se pensaba que solo era polvo atmosférico, en realidad es aire repleto de bacterias vivas que se respiran diariamente.

Durante su análisis, los científicos demostraron que el aire que está apenas a diez mil metros de altura está repleto de microorganismos que “viven en suspensión” y que entran en interacción con todas las entidades orgánicas que requieren de oxígeno.

De esta manera, los especialistas han delimitado la verdadera frontera orgánica de interacción: además de en los suelos, en la superficie de las plantas o en nuestro tubo digestivo, existe de manera permanente una nube de microorganismos a nuestro alrededor, que empieza a la altura del suelo y acaba muy por encima de la cumbre del Everest.

Un grupo de bacterias que provocan la lluvia

Las bacterias que flotan en las capas más finas de la atmósfera desempeñan un papel fundamental en la formación de la lluvia, ya que actúan como diminutos núcleos de cristalización de hielo a gran altitud. Estos cristales de hielo se transforman en copos de nieve, en granizo o en lluvia.

Muchas de estas bacterias “fabricantes de lluvia” son en realidad patógenos vegetales, es decir, producen enfermedades en las plantas, y solo se encuentran en la atmósfera de manera transitoria.

 Pseudomonas syringae: Bacterias que el aire lleva a las plantas. Foto: WikiCommonsLas bacterias como la Pseudomonas syringae son las que provocan las infecciones vegetales. Foto: WikiCommons.

La principal especie de estas bacterias es Pseudomonas syringae. Este microorganismo tiene una proteína en su superficie con una gran afinidad por el agua, que facilita la formación de cristales de hielo a temperaturas no demasiado bajas.

El viento y las corrientes de aire ascendentes arrastran a muchas de estas bacterias desde las plantas hasta zonas relativamente altas de la atmósfera, dónde su capacidad para generar diminutos cristales de hielo les permite volver al suelo en forma de lluvia o nieve.

“Ducha microbiana”: ¿cómo es que respiramos bacterias?

La presencia de microorganismos en la atmósfera, su implicación en el clima o en la transmisión de enfermedades a grandes distancias es un campo de estudio fascinante que apenas está comenzando.

Por el momento, se ha reconocido que la lluvia es parte fundamental del transporte de los microbios, pero las corrientes de aire también logran movilizar una serie de bacterias hasta 15 km de altura durante varios días. Cabe aclarar que hasta el momento se ha descubierto que, en su mayoría, estos organismos son inocuos para los seres humanos.

El aroma de la lluvia: las bacterias que interceden en el proceso

Las bacterias del aire no están solo detrás de la infección de las plantas. Una de sus contribuciones es el aroma de lluvia, ese perfume que emana la tierra cuando comienza a aumentar los niveles de humedad. Su nombre es petricor y está compuesta por una mezcla de compuestos volátiles.

El aire y la lluvia que habilitan la interacción con las bacterias del aire. Foto: Unsplash.El aroma se percibe inclusive con el rocío de cada mañana. Foto: Unsplash.

El principal es la geosmina, una molécula terpénica producida por bacterias. En concreto, la geosmina la producen cianobacterias y actinomicetos, en especial los pertenecientes al género Streptomyces.

Los Streptomyces producen esta molécula para atraer a los insectos, que se alimentan de estos microorganismos, pero también diseminan sus esporas. El olor a geosmina que producen las bacterias de las aguas estancadas atrae no solo a los insectos, sino también a los seres vivos que pueden identificar el “aroma a agua”.

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