El fin del calvario de Mónica: cayó la banda que estafaba a clientes de sitios sexuales y se los mandaba a su casa

Los nombres de Sofi, Malena y Brenda fueron el anzuelo. “Tres amigas con depto propio, cómodo, a metros de la estación. Horarios full time, atendemos todos los días”. El aviso, con foto, se replicaba en plataformas como Tumbrl y Skokka, un sitio de clasificados de acompañantes y escorts. Dos mil trescientos pesos la hora, en servicio individual y $3.500 el trío. “Quinientos pesos para coordinar el turno; sin reserva no trabajamos, no insistas”, era el mensaje que mandaban por WhatsApp antes de concretar cada cita.

Más de un centenar de clientes cayó en la trampa de pagar el anticipo cash con sus billeteras electrónicas para terminar frente a la casa de Mónica, tocando el timbre a cualquier hora (la hora pactada) y encontrarse con que los habían estafado.

Mónica es la otra víctima de esta historia. Ama de casa, madre de dos hijas adolescentes, dueña de la vivienda más visitada del barrio en los últimos meses y la encargada de explicarle a cada uno de estos señores que ni Sofi, ni Malena, ni Brenda existían, o por lo menos no vivían allí, que por favor se fueran, que habían sido engañados. Fue ella quien a partir de su denuncia dio inicio a la investigación y aportó las primeras pruebas.

En las últimas horas, la fiscalía de Berazategui especializada en cibercrimen, a cargo de la causa, logró desbaratar la banda. Hubo allanamientos en las localidades de González Catán, San Francisco Solano y Laferrere, con secuestro de evidencia, teléfonos celulares y documentación. Hasta el momento se pudo identificar a siete personas, que quedaron imputadas por fraude y asociación ilícita. Entre ellas, cinco mujeres.

La dirección de su casa aparece en una página de servicios sexuales. (Foto: Skokka).

Mónica recibió con alivio la notificación del fiscal Daniel Ichazo, al frente de la pesquisa. Hasta hace diez días el timbreo seguía atormentando a la familia, mañana, tarde, noche y durante la madrugada, también.

Devenida investigadora amateur, Mónica se dedicó a juntar evidencia para que en la comisaría de Quilmes le tomaran la denuncia, ya que no era una damnificada directa de la estafa.

En los últimos dos meses logró reunir la suficiente información como para que la justicia por fin se hiciera eco de su calvario. Presentó una carpeta con captura de los avisos, de las conversaciones por mensaje de Whatsapp y hasta recibos de transferencia con los adelantos acreditados, números de CUIT. Hasta logró convencer a un cliente de presentarse a declarar como víctima directa del fraude.

Ahora, la fiscalía de Cibercrimen intenta determinar los alcances de la estafa y posibles ramificaciones de la banda. Por el momento se desconoce qué cantidad de clientes sexuales fueron engañados con la misma modalidad.

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