Desoladora imagen: vendió hasta los muebles para sobrevivir a la crisis que desató el coronavirus

Roberto Terradez Buendía está viviendo el peor momento de su vida. Hace un tiempo que no tiene trabajo y a sus 58 años debió vender hasta los muebles para sobrevivir a las consecuencias económicas que trajo aparejada la pandemia de coronavirus.

En redes sociales, compartieron imágenes del interior de la casa del hombre en Valencia (España), que está completamente vacía.

Si bien hace unos seis años que Roberto no encuentra un empleo fijo, su situación económica empeoró en forma drástica en los últimos meses tras gastarse sus pocos ahorros. En su cuenta bancaria solo hay 1 euro.

Poco antes de que se decretara el Estado de Alarma vendió las sillas de comedor, dos sillones y una mesa de mármol, varios de ellos muebles que heredó de sus padres.

Según Roberto, lo que más le costó vender a nivel sentimental fueron sus 319 vinilos con bandas sonoras de cine.

Su desesperación por lograr ingresos para subsistir lo llevó a vender más tarde su computadora y el espejo del baño

Tras volverse viral su historia, varias personas se ofrecieron a darle una mano. Algunos vecinos se acercaron y le dejaron ropa de abrigo en esta época de frío en España ya que no puede pagar los servicios para calefaccionar.

También le prestaron algunos electrodomésticos y otros usuarios le recomendaron buscar ayuda estatal.

“Lo que necesito es trabajar. No soy persona de pedir, aunque agradezco cualquier ayuda de todo corazón. Principalmente para pagar la deuda de la luz, que aun debo el recibo de 252 euros”, explicó Roberto.

Y en ese sentido, añadió: “Sé que un empleo me garantizaría la estabilidad que necesito, pero llevo tanto tiempo buscando que ya he perdido la esperanza. La edad no me ayuda, 58 años, pero me han rechazado más por mi apariencia física. Soy grande, mido 1,85 metros y peso 110 kilos, me han dicho muchas veces que no doy el perfil físico para trabajar, aunque fuera dentro de una oficina de atención al público. Llevar zapatos rotos tampoco ayuda”.

En cuanto a sus anteriores empleos, Terradez contó que trabajó como administrativo y como profesor de español para migrantes. “Aprendo rápido y soy muy dispuesto”, afirmó.

Pero, a punto de cumplir ochenta años y sin ’herederos’ deseosos de continuar con el negocio, busca inversores que abracen la causa de “mantener encendida la llama” de esta esquina histórica.

“En todas las ciudades del mundo la cultura está en el Centro, donde todo empezó. No podemos dejar que esto se olvide”, clama Rita.

 

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