Con dólar blue récord, empresas guardan stock y los argentinos empiezan a sentir el desabastecimiento

Que la brecha cambiaria se transformó en un verdadero problema para la economía, nadie lo pone en duda. Desde los economistas de la City al Fondo Monetario y hasta el equipo económico. Ni Martín Guzmán ni Miguel Pesce acertaron, por ahora, en la fórmula que achate el explosivo diferencial entre la cotización del dólar “oficial” y los “alternativos”, que ya supera el 100% y amenaza con ampliarse.

Las últimas medidas -el ajuste del cepo de mediados de septiembre-, lejos de solucionar el problema, lo agravaron. La distancia entre el “dólar ahorro” y el “contado con liqui” y el “blue” se mantuvo, pero con una nominalidad más elevada, lo que perjudica todavía más la marcha de la economía.

Por el lado de la oferta de divisas, la situación está a la vista: los chacareros y las cerealeras liquidan en el mercado la mínima cantidad de granos. Desde la demanda existe una verdadera carrera contra las reservas -limitada por las regulaciones del BCRA-, liderada por empresas importadoras que buscan abastecerse de dólares “baratos”.

Por fuera del mercado cambiario, la especulación también está a la orden del día. Con empresas que acumulan stock, otras que prefieren rechazar ventas antes que desprenderse de mercadería y, si lo hacen, concretan negocios aplicando sensibles aumentos.

No hay un rubro en particular. La ola especuladora atraviesa a diversos nichos de la economía. Lo saben los talleres mecánicos, que reparan vehículos, también las ferreterías, las librerías, quienes venden electrónicos y hasta la actividad de la construcción. El campo tampoco se queda afuera entre los sectores perjudicados.

Desde el Banco Central son categóricos: “No hay trabas a las importaciones. Los dólares para la producción y la actividad económica están asegurados. Sólo se han tomado medidas para ajustar los pagos de deudas de empresas que se adelantaban a girar vencimientos. Pero no hay problemas para pagar productos importados”, aseguran funcionarios del organismo.

Consigna: mantener el stock

Efectivamente, en los comercios e industrias consultados por iProfesional aseguran que el nivel de faltantes no puede compararse con la época en que Guillermo Moreno limitaba las importaciones. A diferencia de aquel momento, ahora los faltantes parecieran estar relacionados a maniobras especulativas de los importadores, que prefieren stockear productos ante la posibilidad de un salto cambiario en el corto plazo.

En el rubro automotor -donde las fábricas admiten la escasez de algunas autopartes-, se menciona, en cambio, los perjuicios por la pandemia, que obligó al cierre de plantas en el extranjero y una lógica demora en la producción.

Algo parecido ocurre en el mercado de las notebooks, donde se da la particularidad de faltantes de productos y fuertes remarcaciones en los modelos que se consiguen. En este nicho, el hecho de que la gente -a nivel global- haya salido a comprar computadoras en medio de las cuarentenas y las restricciones para movilizarse derivó en una escasez notable, que aún no pudo normalizarse.

“No se consiguen repuestos. Le ponen un valor de reposición a un dólar de por lo menos $100. Cuando en verdad, los importadores ya los pagaron al dólar oficial. Este un mercado especulativo; siempre pasa lo mismo en las crisis cambiarias”, comenta a iProfesional un reconocido tallerista de la zona Warnes, en la ciudad de Buenos Aires.

Da dos ejemplos, para graficar. Hace dos semanas que en ese taller mecánico tratan de conseguir -sin éxito- una válvula reguladora de presión de combustible para un Ford Mondeo. Dos: el precio de una batería para un BMW 323 varía, según el tallerista, entre los $13.000 y los $23.500, según cuál sea el proveedor consultado.

Llamativamente, la actividad de la construcción no escapa a la situación de escasez. A pesar de que gran parte de los insumos -cal, arena, piedras, asfalto- se producen localmente y se cotizan indefectiblemente en pesos.

Los inconvenientes aparecen en algunos artículos vinculados con el dólar. Sobre todo en las pinturas y en productos como chapa, zinc y alambres, por citar sólo algunos de los casos.

En el rubro pinturas, los precios suelen evolucionar con el tipo de cambio, pero ahora los faltantes se concentran en aquellas que se mezclan con pigmentos importados.

Esta situación se da en un contexto especial: en plena pandemia, hay una especie de boom de refacciones en los hogares. Ese incremento en la demanda rápidamente puso bajo stress a algunos insumos de la construcción, con las pinturas a la cabeza.

Pero no el único. Se acumulan reportes de faltantes en chapas y productos de zinguería.

También hay problemas en los campos, por ejemplo en lo que refiere al alambre, en donde se nota una escasez evidente.

Algo similar reportan desde grandes ferreterías consultadas por iProfesional. Los comerciantes se quejan de demoras en las entregas e incrementos de entre 15% y 20% en más de la mitad de los productos.

Hacen hincapié -también- en los faltantes de pinturas y en pegamentos (tipo Poxipol o Suprabond). Lo mismo que en artículos sanitarios. “Esta situación es un clavo”, dice, con simpatía, Andrés, el dueño de una ferretería, antes de comentar que los precios de los productos metalúrgicos tendrán un nuevo ajuste en los precios la semana que viene.

Las librerías no quedan exentas de los inconvenientes. Hay una queja universal: la falta de tintas para impresoras. Tanto las originales como las de segundas marcas. Y en ambos casos, refieren en el mercado, con aumentos de precios que superan el 20% en las últimas dos semanas.

“No se consiguen los toners y hay faltantes de impresoras. Y las que se encuentran aparecen con precios imposibles. La tinta para una impresora láser ya valen cerca de $10.000. Y los comercios y empresas tienen una y no pueden zafar de este costo”, cuenta un comerciante.

Pese al dólar oficial estable, problemas con los importados

Párrafo aparte para los productos electrónicos y los electrodomésticos. La tormenta cambiaria perjudicó a un mercado de por sí dolarizado.

Hoy en día se hace muy complicado la reposición de productos elementales de la industria electrónica, como pueden ser los auriculares. Y los comercios reciben mercadería con aumentos sensibles, que varían de acuerdo al producto.

Como sucede con las notebooks, en los electrodomésticos también hay faltantes y demoras en las entregas por culpa de la pandemia, que en varios casos obligó a la paralización total o parcial de plantas.

La escasez de partes y accesorios ya impacta en la simple la reparación de la tecnología instalada en el hogar, como puede ser en el caso de los equipos de aire acondicionado.

Como ya publicó iProfesional, organizaciones como el grupo Industriales Pymes Argentinos (IPA) expusieron mediante informes recientes que el costo de los materiales trepó hasta un 50 por ciento en lo que va de la pandemia.

El peso de estas complicaciones también derivó en un incremento sostenido en los precios finales de los electrodomésticos. Televisores smart, heladeras con freezer, cocinas y caloventores acumulan aumentos que van del 20 al 100 por ciento de acuerdo a la marca.

La industria plástica también reporta escasez y aumentos siderales en los precios de distintos insumos, ya se trate de elaborados en la Argentina o bien importados: en la lista aparecen el nylon, el policarbonato, el tereftalato de polibutileno (PBT), el poliestireno (PS) y el poliestireno expandido (tergopol).

Ya sea por la pandemia o sus distorsiones en el mercado. O sea por los propios dislates en el mercado cambiario argentino, hay algo cierto: las complicaciones son un hecho cotidiano. Ya sea que el lector vaya a reparar el auto. O a comprar una herramienta para el trabajo. O a refaccionar la casa. Los desafíos en la Argentina son permanentes.

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