Asesina de la sal: en las redes parecía una madre dulce, pero era lo contrario

Decían que era una “mamá bloggera”, pero ahora existe la certeza de que era una madre asesina. La estadounidense Lacey Spears tenía 27 años cuando se le ocurrió envenenar a su propio bebé con sal, y lo hizo inyectándosela a través de una sonda.

Allá por 2014, nadie sospechaba que Lacey querría hacerle daño a su hijo, Garnett Paul (6). Es más: tan obsesionada estaba con su niño, que mantenía un blog llamado Garnett’s Journey (“El viaje de Garnett”), donde subía fotos de las actividades que realizaba junto a él. Lo que no ponía es que cuando le daba comida podía llegar a verter sobre los alimentos el equivalente a 69 sobres de sal como los que entregan en los restaurantes.

Ese y otros desórdenes en la dieta hicieron que el chico terminara internado en un hospital de Nueva York, donde le conectaron una sonda gástrica para recibir nutrientes. Ni siquiera eso evitó que Lacey siguiera dándole sal a la pequeña víctima, que falleció poco después. Directamente metió esa sustancia en las vías que conectaban al paciente, lo que provocó una falla multiorgánica.

En su libro My Sweet Angel (“Mi dulce ángel”), el autor John Glatt revela que pudo haber más víctimas fatales, aunque por suerte se salvaron. Al menos otros tres niños que estaban al cuidado de Lacey -hijos de amigas- habían comenzado a mostrar síntomas del envenenamiento que ella les aplicaba.

Madre que mató a su hijo con dosis letal de sal enfermó a otros 3 niños que  cuidaba | Sociedad | BioBioChile

Quienes intentaron defender a la asesina hablaron del síndrome de Münchhausen, un trastorno que consiste en generarse enfermedades porque la persona se siente a gusto cuando la cuidan. En un subtipo de este desorden, el sujeto no se lastima a sí mismo, sino que lastima a sus hijos para recibir de forma indirecta la atención que los demás prestan a los menores al verlos sufrir.

Como sea, en 2015 la Corte Suprema de Justicia de EE.UU. la condenó a 20 años

También podría gustarte